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El precio de la copia

Vietnam lleva décadas siendo el gran bazar mundial de la falsificación de lujo. Ahora, con Washington apuntando, Hanói promete orden — aunque los silbatos de aviso siguen sonando en los mercados.
Foto: bbc.co.uk
lunes 6 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Cuando la policía vietnamita irrumpió en dos almacenes anónimos en las afueras de Ho Chi Minh City a principios de este año, encontró más de 23.000 pares de zapatillas con los logos de Nike, Adidas, Crocs y Gucci. Ninguna de esas marcas tenía relación alguna con los depósitos. El valor de la mercancía incautada ascendió a VND 2.000 millones — equivalentes a unos 76.000 dólares —, según informó la BBC.

A apenas 30 kilómetros de ese operativo, en un mercado de pulgas del distrito turístico de la misma ciudad, los mismos modelos de zapatillas falsificadas — imitaciones de originales que se venden hasta por 900 dólares en el exterior — se ofrecen a 30 dólares el par. En los mismos estantes: bolsos «Chanel», camisetas «Prada», relojes «Rolex».

Vietnam es ampliamente reconocida como uno de los mayores centros mundiales de falsificación de artículos de lujo. Ahora, bajo presión internacional creciente, las autoridades han declarado una cruzada para deshacerse de esa reputación.

El 7 de mayo, el gobierno vietnamita lanzó una ofensiva nacional contra productos y prácticas que violan los derechos de propiedad intelectual: mercancía falsificada, piratería en línea e infracciones de marcas registradas. No es la primera vez. Las autoridades realizan operativos periódicos y públicos contra vendedores ilegales para demostrar que actúan frente a las economías informales del país — aunque el ciclo siempre termina igual.

«Los inspectores llegaban con cámaras, confiscaban mercancía en algunas tiendas, y luego todo volvía a la normalidad», explica Thanh Truc, vendedora en uno de los mercados callejeros más concurridos de Ho Chi Minh City, quien pidió ser identificada con un seudónimo. Minutos antes de la entrevista, acababa de vender una réplica de una camiseta Loewe — precio original: 500 dólares — por 17 dólares.

Lo que diferencia esta vez es la presión de Washington. En abril, el informe de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos identificó a Vietnam como «país extranjero prioritario» por su «fracaso persistente en resolver preocupaciones de larga data sobre protección y aplicación de la propiedad intelectual» — la primera vez en 13 años que una nación recibe esa designación. El mismo informe calificó a Vietnam como el peor infractor mundial en materia de derechos de propiedad intelectual.

Frente a la amenaza de nuevos aranceles, las autoridades vietnamitas prometieron aumentar los operativos contra infracciones de propiedad intelectual al menos un 20% en mayo respecto al mismo período del año anterior. En las últimas tres semanas de ese mes, las autoridades gestionaron más de 1.400 casos de infracciones. El 10 de junio, la policía de la provincia de Thanh Hoa desmanteló una red que fabricó y vendió más de 10.000 artículos de joyería falsificada — imitaciones de Bvlgari, Cartier, Louis Vuitton y Tiffany & Co — que generaron ganancias ilícitas estimadas en 1,14 millones de dólares.

Sin embargo, los vendedores llevan décadas adaptados a la atención policial no deseada. «Antes de que lleguen los inspectores, alguien aquí toca un silbato para avisar a todos», describe Thanh Truc. Y añade que, incluso tras la última oleada de redadas, «el negocio continúa». Algunos puestos exhiben menos artículos con logos visibles, pero mantienen el inventario en la trastienda.

La cadena de suministro de la mayoría de las falsificaciones vietnamitas tiene su origen al otro lado de la frontera norte, en China, donde se fabrican. Los mayoristas vietnamitas seleccionan, compran e importan productos en grandes cantidades para distribuirlos a negocios más pequeños. La proximidad geográfica con China — y el hecho de que incluso las grandes marcas europeas dependen de manufactura asiática — ha alimentado durante años este ecosistema.

La división es también local. Thi Nguyen, diseñadora y propietaria de varias tiendas de ropa en Ho Chi Minh City y Da Lat, ve en la industria de las copias una amenaza directa: viola los derechos de creadores como ella y, según sus palabras, «convierte el mercado minorista de Vietnam en algo caótico y lo transforma en una especie de broma». Señala que los clientes están dispuestos a gastar 75 dólares en un vestido falso que parece auténtico.

Los detalles cuentan la historia. La propiedad intelectual no es un concepto abstracto ni un privilegio de marcas europeas: es el activo central de cualquier economía que aspire a escalar en la cadena de valor. Cada camiseta falsificada vendida a 17 dólares no solo lesiona a Louis Vuitton o Loewe — lesiona a Thi Nguyen y a cualquier emprendedor vietnamita que intente construir algo propio. El aparato estatal de Hanói lo sabe, pero durante décadas encontró más cómodo el silbato de aviso que el estado de derecho efectivo. Ahora que Washington ha puesto precio a esa comodidad — en forma de aranceles y designaciones que cierran puertas comerciales —, la pregunta no es si Vietnam puede desmantelar su mercado negro, sino si tiene la voluntad institucional de hacerlo cuando las cámaras se apaguen.

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