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La frontera del maíz se corre al sur

El INTA demostró que híbridos precoces pueden producir forraje y grano en Santa Cruz y Chubut, abriendo una nueva opción para la ganadería patagónica y reduciendo su dependencia de insumos externos.
Foto: lanacion.com.ar
domingo 5 de julio de 2026

La escena lo dice todo. En Perito Moreno, una localidad del norte de Santa Cruz donde las heladas no piden permiso y la ventana de cultivo apenas alcanza entre 100 y 120 días, técnicos del INTA cosecharon maíz. No fue un accidente: fue el resultado de un ensayo sistemático con híbridos precoces y ultra precoces que, según los propios investigadores, «demuestran la factibilidad agronómica y productiva del cultivo de maíces precoces y ultra precoces en el norte de la provincia de Santa Cruz».

Los detalles cuentan la historia. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria evaluó la adaptación de estos materiales genéticos en distintas localidades de Santa Cruz y Chubut, en conjunto con la empresa semillera Laboulet Semences. El objetivo era preciso: generar información local sobre adaptación, rendimiento y potencial productivo en una región donde la ganadería extensiva —principalmente ovina y, en menor medida, bovina— domina el territorio pero enfrenta una baja oferta forrajera de los pastizales naturales.

Santiago Toledo, especialista del INTA Santa Cruz, explicó que los híbridos evaluados presentan características que los hacen prometedores para esas condiciones: temperaturas base inferiores a lo normal —de 6 grados—, secado rápido y resistencia a heladas moderadas en algunos estadios del cultivo. «Si bien se realizaron evaluaciones en el pasado, actualmente estamos estudiando nuevos desarrollos de híbridos de maíz de distintas empresas semilleras que pusieron a disposición materiales que, por sus características, son prometedores», señaló.

Los números respaldan el optimismo. Toledo indicó que los rindes alcanzados en Santa Cruz se ubican en torno a los 7.000 kilos de grano por hectárea, con 80 a 120 toneladas de material vegetal verde y entre 15 y 26 toneladas de materia seca por hectárea en planta entera. Cifras que, en una zona donde el forraje escasea en otoño e invierno, representan un salto cualitativo para cualquier productor ganadero.

En Chubut, el ensayo tomó otro camino pero llegó a conclusiones similares. Especialistas del INTA Esquel trabajaron con seis híbridos hiper precoces en el Campo Experimental Trevelin. El híbrido Tirnavia lideró la producción de planta entera con 22.120 kilos por hectárea, logrando un 88% más de rendimiento de materia seca respecto al registrado por Zeta 125. En cuanto al rendimiento de grano, los valores se situaron entre los 6.000 y 8.850 kilos por hectárea, sin diferencias estadísticas significativas entre materiales.

Guillermo Lexow, del INTA Esquel, subrayó que «las características particulares de estos híbridos resultan interesantes para las condiciones climáticas imperantes en el Noroeste de Chubut», destacando las mismas variables que su colega santacruceño: temperaturas base bajas, secado rápido y tolerancia a heladas en estadios tempranos.

Para entender el presente hay que volver a esa semana de evaluaciones en el campo. La ganadería patagónica lleva décadas atada a los pastizales naturales y a pasturas implantadas con rendimientos acotados. El maíz, según Toledo, «aparece como un cultivo estratégico por su aporte potencial de energía, fibra y en menor medida proteína, ya sea mediante la producción de granos o planta entera para silaje, pensando en reducir costos de nutrición animal de la ganadería, cubrir un bache de oferta forrajera en otoño e invierno, mejorar la oferta y contribuir al desarrollo productivo regional».

Los investigadores fueron claros en que los resultados son un antecedente técnico, no una receta terminada. Toledo llamó a «continuar evaluando materiales genéticos, fechas de siembra y estrategias de manejo» para optimizar la estabilidad y productividad del cultivo en estos ambientes australes.

Lo que está en juego es más que una variedad de semilla. Extender la frontera agrícola hacia el sur significa dotar a los productores patagónicos de una herramienta concreta para mejorar la rentabilidad de sus sistemas ganaderos sin depender exclusivamente de insumos traídos desde otras regiones. La libre empresa ya acompaña el proceso: la participación de una semillera privada en los ensayos indica que el sector ve negocio donde antes solo había incertidumbre climática. Cuando la investigación pública y la inversión privada se alinean para ampliar las posibilidades del productor, el resultado suele ser el mismo: más oferta, menores costos y mayor autonomía para quienes trabajan la tierra.

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