La escena lo dice todo: más de 257 millones de jóvenes en el mundo no estudian, no trabajan ni reciben formación alguna. Entre 2023 y 2025, esa cifra creció en 9 millones, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Al mismo tiempo, el desempleo juvenil global volvió a escalar y alcanzó el 12.4% de la población de entre 15 y 29 años.
La recuperación del empleo juvenil, que había dado señales de vida tras la pandemia, se estancó. La OIT atribuye el retroceso a una combinación de factores: desaceleración económica, tensiones geopolíticas y cambios tecnológicos acelerados. Entre estos últimos, la inteligencia artificial ocupa un lugar central en la preocupación de las nuevas generaciones.
Según el organismo, el 6.1% de los empleos actualmente ocupados por jóvenes en el mundo se encuentran en categorías con alto riesgo de ser sustituidas por tecnologías de automatización. No es un temor irracional: es una señal de mercado que los gobiernos y los sistemas educativos todavía no han sabido leer con claridad.
En regiones como Asia Oriental, América del Norte y Europa, el crecimiento de la población joven ha superado la capacidad de las economías para generar puestos de trabajo suficientes. El desajuste entre oferta de mano de obra y demanda real es estructural, no coyuntural.
Panamá: uno de cada cinco, sin empleo
En Panamá, los números son más duros que el promedio global. La tasa de desempleo juvenil —entre personas de 15 a 29 años— alcanzó el 19.9% en septiembre de 2025, según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC). En octubre de 2024 era del 17.8%. En términos absolutos, 113,347 jóvenes estaban desocupados en septiembre pasado.
La tendencia es inequívoca: la incorporación de las nuevas generaciones al mercado laboral sigue siendo uno de los principales desafíos del país, y la dirección de la curva no invita al optimismo.
La brecha que no cierra
El informe de la OIT subraya que el problema golpea con mayor fuerza a las mujeres jóvenes. En 2025, más de dos de cada tres jóvenes que no estudiaban, no trabajaban ni recibían formación eran mujeres. La paradoja es que la brecha no se explica por menor acceso a la educación: hombres y mujeres jóvenes presentan tasas similares de matriculación escolar. El problema aparece después, en el momento de entrar y permanecer en el mercado laboral.
La OIT identifica como barreras principales las responsabilidades de cuidado no remuneradas, la discriminación y el acceso limitado a empleos de calidad. En 2025, la relación entre jóvenes con empleo y la población juvenil total era de 43.3% entre los hombres, frente a 30.6% entre las mujeres: casi 13 puntos de diferencia.
En Panamá, esa brecha es aún más pronunciada: el desempleo juvenil femenino llegó al 25.4%, contra 16.5% entre los hombres.
El espejismo latinoamericano
América Latina y el Caribe fue la única región que registró un descenso simultáneo en la tasa de desempleo juvenil y en la proporción de jóvenes fuera del mercado y la educación entre 2023 y 2025. Pero la OIT advierte que ese resultado no refleja necesariamente una mejora en la calidad o cantidad de los empleos. Parte de la explicación está en la disminución de la población joven en la región y en que hay menos jóvenes buscando empleo activamente, lo que reduce las tasas estadísticamente sin resolver el problema de fondo.
Los detalles cuentan la historia: un indicador que mejora porque hay menos gente buscando trabajo no es una victoria; es una señal de desaliento.
Para Hemisferio, el diagnóstico de la OIT confirma algo que los mercados ya venían señalando: las economías que no generan condiciones para que el sector privado contrate —cargas regulatorias excesivas, costos laborales rígidos, incertidumbre jurídica— terminan pagando el precio en forma de generaciones enteras desconectadas del aparato productivo. El dinero de los contribuyentes destinado a programas de empleo público no sustituye la creación genuina de puestos de trabajo que solo la libre empresa puede sostener. En Panamá, con casi uno de cada cinco jóvenes sin empleo y una tasa femenina que supera el 25%, la pregunta no es si el modelo necesita ajustes. La pregunta es cuánto tiempo más puede permitirse no hacerlos.



