El Boeing 747 tocó pista en la terminal de carga del Aeropuerto Internacional El Dorado el martes 18 de agosto. A bordo venían 77,6 toneladas de asistencia humanitaria enviadas por el Gobierno de la República Popular China tras el terremoto del 10 de agosto, cuyo epicentro se ubicó en San José del Palmar, Chocó.
Los detalles cuentan la historia. El inventario incluye 7.000 mantas termoprotectoras, 1.900 carpas de campaña, 15 plantas móviles purificadoras de agua con capacidad de hasta 50.000 litros de producción, 20 generadores diésel de 5,5 kVA, 200 lámparas solares multifuncionales, 200 fumigadoras motorizadas y elementos lúdicos para la atención de niñas, niños y adolescentes afectados.
El sismo, registrado como el de mayor magnitud ocurrido en Colombia en lo que va del siglo según los reportes sobre la emergencia, dejó al menos 312 personas muertas. El movimiento sacudió también al Valle del Cauca, incluida su capital, Cali.
La entrega fue formalizada mediante un acta suscrita entre un representante de la National Pharmaceutical Foreign Trade Corporation de China y la representación oficial del Gobierno colombiano. En la recepción participaron funcionarios de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y el embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang.
David Santiago Tamayo, director de la UNGRD, agradeció la cooperación en un mensaje publicado en X: «El día de hoy queremos dar un agradecimiento al Gobierno de China por el apoyo que nos ha brindado con donación humanitaria para la población afectada por el sismo que estamos atendiendo en este momento».
Una vez recibido el cargamento, la UNGRD dispuso cuatro tractocamiones para transportar los suministros hasta el Valle del Cauca. Allí, la Gobernación, las autoridades territoriales y los organismos de socorro coordinarán la entrega a las comunidades de acuerdo con las prioridades establecidas para cada zona. La fuente no especifica que los suministros sean exclusivamente para el Chocó; la distribución final quedará sujeta a las necesidades identificadas en los territorios.
Las plantas purificadoras están orientadas a resolver el acceso al agua potable en zonas donde la infraestructura quedó comprometida. Los generadores y las lámparas solares apuntarán a restablecer iluminación y energía básica, mientras que las fumigadoras servirán en labores de saneamiento y control de vectores, riesgos habituales en la fase posterior a un desastre de esta magnitud.
La asistencia china se suma a las acciones de cooperación internacional que respaldan la respuesta colombiana ante las consecuencias del terremoto. La fuente señala que China mantiene relaciones comerciales con Colombia y presencia en sectores como infraestructura, energía y transporte.
La escena lo dice todo. Cuando una catástrofe de esta escala golpea, la velocidad y la escala de la respuesta importan tanto como su origen. Que 77,6 toneladas de insumos críticos hayan cruzado el Pacífico en menos de diez días habla de logística, pero también de cálculo diplomático: Beijing consolida presencia en la región precisamente cuando Colombia más necesita mostrar resultados sobre el terreno. Para las familias que esperan una carpa o agua limpia en el Valle del Cauca, el origen del cargamento es secundario; para quienes analizan la política exterior de la región, no lo es tanto. El principio en juego es simple: la reconstrucción real depende de que los suministros lleguen a las manos correctas, con transparencia y sin que el aparato estatal los diluya en el camino. Esa es la prueba que aún está pendiente.



