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América Latina y la IA: la oportunidad que no se puede desperdiciar

La vicepresidenta de Google para Hispanoamérica, Noreña, describe una región con adopción acelerada de inteligencia artificial y aplicaciones concretas en salud, ciencia y seguridad. Los datos respaldan el optimismo; la pregunta es si los gobiernos dejarán el camino libre.
Foto: infobae.com
martes 25 de agosto de 2026

A las 6:40 de la mañana, cuando los mercados de Asia todavía digerían la noticia, el ministro ya había hecho tres llamadas. La tercera fue la que cambió la semana. Esa imagen podría describir, con justicia, el ritmo al que la inteligencia artificial está reconfigurando América Latina: sin anuncio formal, sin decreto, pero con consecuencias que ya se miden en vidas y en dólares.

Adriana Noreña, vicepresidenta de Google para Hispanoamérica desde 2011, lleva años siendo una de las voces más escuchadas de la región en transformación digital. Colombiana, nacida en Cali y radicada en São Paulo, Noreña se incorporó a Google en 2006 tras pasar por Avaya y PepsiCo y fundar su propio emprendimiento de cosmética. Tiene una licenciatura en Administración de Empresas por la Universidad Icesi, un MBA de Babson College y una maestría en Gestión de Tecnología del MIT. Desde 2020, Forbes Colombia la incluye cada año en su lista de las 100 mujeres más poderosas del país.

En un episodio reciente del podcast La Fórmula, Noreña repasó las tres lecciones que aprendió en Google: la humildad de los líderes, la importancia de buscar el progreso antes que la perfección, y la necesidad de tomar decisiones, aprender de los errores y seguir avanzando. Tres principios que, aplicados a escala regional, describen exactamente lo que está ocurriendo con la IA en Hispanoamérica.

Los números no mienten

Según un estudio de Google junto a Ipsos, en 2025 el 62% de las personas a nivel global afirmó utilizar chatbots en su vida cotidiana, frente al 38% registrado en 2023. En Hispanoamérica, esa cifra fue más alta: México alcanzó el 66% y Argentina el 65%. El aprendizaje aparece como el principal motor de uso: el 74% de los usuarios globales recurre a esta tecnología para profundizar conocimientos, tendencia que asciende al 77% en México y al 75% en Argentina.

Los detalles cuentan la historia. No se trata solo de curiosidad tecnológica ni de adopción superficial. La región está usando estas herramientas para aprender, para trabajar y, en casos concretos, para salvar vidas.

Aplicaciones que ya existen

En ciencia, la IA está acelerando procesos que antes demandaban años. El caso más citado a nivel global es AlphaFold, un sistema que permitió avanzar en el estudio de la estructura de 200 millones de proteínas y que hoy es utilizado por millones de investigadores en líneas vinculadas al Alzheimer, el Parkinson, la malaria y el desarrollo de materiales con potencial ambiental.

En salud, la tecnología gana espacio como herramienta de apoyo para mejorar diagnósticos y reforzar la atención en zonas con menos acceso. Su uso en la detección temprana del cáncer de mama y en el fortalecimiento de servicios médicos en comunidades rurales forma parte de una tendencia más amplia: modelos predictivos que asisten a profesionales y reducen brechas de cobertura.

La escena lo dice todo: durante los temporales que afectaron a Chile en julio, herramientas de monitoreo y predicción permitieron anticipar posibles inundaciones y mejorar la capacidad de respuesta de comunidades y autoridades. Entre esos desarrollos aparece Groundsource, un sistema que procesa información pública y puede prever inundaciones urbanas con hasta 24 horas de anticipación.

En paralelo, los sistemas de alerta temprana frente a terremotos se consolidan como una de las aplicaciones más visibles con impacto directo en la vida cotidiana. En los últimos meses, millones de personas en países como Venezuela y Colombia recibieron avisos en sus celulares segundos antes de un sismo. El funcionamiento de estos sistemas se apoya en redes de teléfonos que actúan como sensores distribuidos capaces de detectar movimientos iniciales, verificar el evento y emitir alertas en tiempo real.

Formación: la apuesta concreta

En abril se lanzaron 110.000 becas para certificados profesionales y cursos de inteligencia artificial en México, Chile, Argentina y Colombia. En marzo se anunció un fondo regional de 4,6 millones de dólares para la educación en IA. Son cifras modestas frente al tamaño del desafío, pero señalan una dirección.

Noreña también reflexionó sobre el impacto de la IA en la productividad y el potencial de América Latina como región de innovación. La pregunta «¿por qué no?», que ella identifica como motor de su propio crecimiento, es la misma que la región debería hacerse ante cada regulación que frene la adopción, cada burocracia que retrase un proyecto o cada política pública que prefiera controlar antes que habilitar.

La lectura de Hemisferio

América Latina tiene, por una vez, una ventana de oportunidad que no depende de materias primas ni de ciclos de commodities. Depende de talento, conectividad y marcos regulatorios que no asfixien la innovación antes de que nazca. Los datos de adopción de chatbots en México y Argentina superan la media global: eso es capital humano listo para ser aprovechado.

El riesgo no es tecnológico. El riesgo es político: que los gobiernos de la región, con su histórica inclinación a regular lo que no entienden y a gravar lo que crece, conviertan esta ventana en otra oportunidad perdida. La libre empresa y la inversión privada —no el aparato estatal— son los que están poniendo las becas, los sistemas de alerta y los modelos de predicción sobre la mesa. El mejor aporte que pueden hacer los gobiernos es, sencillamente, no estorbar.

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