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Cien caballos para la Iglesia: Uribe lanza colecta tras el terremoto del Quindío

El expresidente visitó Salento, recorrió los daños y anunció una rifa de animales para reparar templos afectados por el sismo del 10 de agosto, donde el Estado no puede llegar con recursos públicos.
Foto: semana.com
lunes 24 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Álvaro Uribe de pie en Salento, escuchando el informe del alcalde sobre cerca de 400 propiedades dañadas —viviendas, establecimientos turísticos, acueducto con problemas históricos— y tomando nota de lo que el aparato estatal no puede resolver solo: las iglesias.

El terremoto del 10 de agosto golpeó al Quindío con una factura que va más allá de los balances oficiales. Los templos católicos, parte del tejido comunitario de los municipios cafeteros, quedaron destruidos o seriamente afectados. Y ahí, precisamente, aparece el límite que el propio Uribe describió con franqueza: «Al gobierno, a cualquier gobierno, le queda difícil disponer de recursos para los templos».

La solución que propuso no viene del presupuesto público. Viene de los caballistas.

La campaña de los cien caballos

Durante su visita a Salento, el expresidente anunció una campaña para recaudar fondos mediante la rifa de animales donados por particulares. La meta: cien caballos. Las condiciones que fijó son precisas y, a su manera, reveladoras del público al que apela: «Tienen que ser bonitos, mansitos, agradables para rifarlos».

En Salento ya arrancaron los primeros aportes: una mula de silla y un caballo fueron los primeros animales destinados a la iniciativa. Uribe publicó el anuncio en su cuenta de X con una fotografía desde el municipio y la frase que resume la apuesta: «100 caballos para ayudarle a la iglesia católica colombiana».

La convocatoria está dirigida a los caballistas del país, un sector con arraigo cultural y económico en las regiones cafeteras y ganaderas de Colombia. La lógica es simple: donación privada, rifa, fondos para reconstrucción. Sin burocracia, sin licitación, sin intermediación estatal.

Más allá de los templos

Uribe no se limitó a la campaña religiosa. Anunció también un proyecto paralelo impulsado por su partido junto a la Fundación Palomas: la entrega de cien antenas de wifi en cien municipios de Colombia, con foco en las comunidades afectadas por la emergencia.

Y cerró con un llamado económico directo: invitó a los colombianos a visitar el Quindío como forma de sostener la economía regional. «Quiero invitarlos a que vengan a hacer turismo al Quindío», dijo, y pidió que el Gobierno nacional incluya estímulos al turismo en las zonas damnificadas dentro de sus medidas de respuesta.

Sobre la gestión oficial, Uribe fue cuidadoso en el tono pero claro en el mensaje: «Nosotros queremos ayudarle al alcalde, al gobernador, al señor presidente, a todas las comunidades». La frase suena a colaboración, pero también traza una línea: la sociedad civil no espera, actúa.

Lo que la escena revela

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Un expresidente recorre los daños de un sismo, escucha al alcalde, identifica el vacío que el Estado no puede llenar —los templos— y convoca a la iniciativa privada para cubrirlo. No es un gesto menor.

Desde la línea editorial de Hemisferio, la imagen vale más que cualquier declaración de política pública: cuando el aparato estatal tiene límites constitucionales o políticos para actuar, la sociedad civil organizada —caballistas, fundaciones, ciudadanos— puede moverse con una agilidad que ninguna burocracia iguala. Eso es exactamente lo que Uribe está poniendo en marcha en el Quindío.

El principio en juego no es menor: la reconstrucción no depende solo del dinero de los contribuyentes ni de la voluntad de un gobierno. Depende también de redes de confianza, de cultura de donación y de liderazgos que convocan sin necesidad de decreto. Los detalles cuentan la historia, y en este caso el detalle es un caballo manso listo para ser rifado en nombre de una iglesia dañada.

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