La escena lo dice todo: en un escalafón que examina más de 2.500 universidades y publica solo las mil mejores, Colombia aparece con dos nombres. La Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Antioquia quedaron ubicadas en el rango 801-900 de la edición 2026 del Academic Ranking of World Universities (ARWU), conocido como Ranking de Shanghái, y comparten las posiciones 1 y 2 dentro del país.
Ambas instituciones son de carácter público. Ambas llegaron al mismo rango, pero por caminos distintos. Los detalles cuentan la historia.
La Nacional y la UdeA: mismo rango, distinto perfil
La Universidad Nacional obtuvo su puntuación más alta en el indicador PUB, que contabiliza artículos científicos indexados en Science Citation Index Expanded y Social Sciences Citation Index de Web of Science: 24,8 puntos. También registró 10,8 en PCP —rendimiento académico per cápita— y 7,1 en N&S, indicador que mide publicaciones en las revistas Nature y Science. Según datos de El Colombiano, entre 2020 y 2024 investigadores de la UNAL participaron en 10 artículos publicados en Nature y cinco en Science. Ese 7,1 en N&S es, según el mismo medio, el resultado más alto de la última década registrada para ese indicador en la institución.
El Colombiano también reporta que, según datos de la propia UNAL, en 2024 se registraron 1.594 artículos de investigadores de la institución en SCI Expanded y 131 en SSCI; entre 2020 y 2024 la institución reportó más de 2.000 publicaciones anuales en Web of Science y llegó a 2.648 publicaciones en Scopus durante 2024.
En Alumni, Award y HiCi, la Nacional registró 0 puntos. Esos ceros requieren contexto: Alumni mide egresados con Premio Nobel o Medalla Fields; Award contabiliza al personal académico con esos reconocimientos; HiCi mide investigadores altamente citados. No son calificaciones académicas tradicionales, sino indicadores muy específicos de reconocimiento internacional.
La Universidad de Antioquia también alcanzó su mayor puntuación en PUB, con 20,4 puntos, seguida de 9,4 en PCP, 7,4 en HiCi y 6,1 en N&S. En Alumni y Award obtuvo 0 puntos. La diferencia clave: la UdeA supera a la Nacional en investigadores altamente citados —7,4 frente a 0—, mientras que la Nacional la supera en publicaciones indexadas —24,8 frente a 20,4.
Marcela Garcés Valderrama, vicerrectora de Investigación de la Universidad de Antioquia, calificó el resultado como «un valioso reconocimiento a las capacidades académicas, científicas y de investigaciónque la Universidad ha construido y fortalecido de manera sostenida». Al mismo tiempo, advirtió que «los rankings no son un fin ni orientan nuestra misionalidad pública; constituyen, en cambio, un insumo analítico para la autoevaluación». La directiva también señaló que «muchas de las acciones que desarrolla la Universidad no tienen un efecto inmediato en los rankings, pero sí son esenciales para consolidar una capacidad investigativa sólida».
El contexto regional y global
La distancia entre las universidades latinoamericanas y la élite mundial sigue siendo considerable. Según La República, la mejor posicionada de la región es la Universidad de São Paulo, de Brasil. Un escalón más abajo, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Buenos Aires aparecen en el rango 201-300. Brasil mantiene presencia adicional: la Universidad Estatal Paulista está en el rango 301-400 y la Universidad de Campinas en el 401-500. Colombia, con sus dos instituciones en el rango 801-900, cierra esa fotografía regional.
En la cima global, según La República, Harvard ocupa el primer puesto con 100 puntos totales —incluyendo 100 en Alumni, HiCi y N&S, 96,2 en Award y 91,8 en PUB—. Stanford es segunda con 80,2 puntos totales y el MIT tercero con 74,1.
Lo que el ranking no mide, y lo que sí revela
Para entender el presente hay que volver a una pregunta de fondo: ¿qué financia estos resultados? Ambas universidades son instituciones públicas sostenidas con dinero de los contribuyentes colombianos. El hecho de que sean las únicas dos del país capaces de competir en un escalafón que evalúa producción científica de alto impacto dice algo sobre la concentración del esfuerzo investigativo nacional —y sobre los límites del modelo.
La metodología del ARWU, como reconoce la propia vicerrectora de la UdeA, captura solo una parte del desempeño universitario: la que se mide en publicaciones indexadas, citas y galardones internacionales. Lo que no captura —calidad de la formación de pregrado, vinculación con el sector productivo, transferencia tecnológica, empleabilidad— es precisamente lo que determina si una universidad genera valor para su entorno económico o solo acumula métricas académicas. Colombia tiene dos instituciones que saben publicar en Nature y Science. El siguiente desafío, más difícil y más urgente, es traducir esa capacidad en innovación que llegue al mercado.



