AHORA
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Américas

El agua que borró la historia

Obras civiles en el Archivo General de la Nación inundaron el depósito subterráneo y dañaron 155 tomos históricos; parte de ellos aún no tiene copia digital.
Foto: elcolombiano.com
viernes 21 de agosto de 2026

El mediodía del 3 de julio de 2026, mientras los trabajadores avanzaban en las obras de rehabilitación de la zona conocida como la «rosa de los vientos», el agua comenzó a correr hacia abajo. Nadie lo vio venir a tiempo. Cuando el Grupo de Conservación y Restauración del Archivo General de la Nación (AGN) llegó al nivel subterráneo, el depósito número 3 ya estaba inundado.

Los detalles cuentan la historia. Documentos oficiales obtenidos en exclusiva por El Colombiano —respuestas del AGN a derechos de petición radicados por dos ciudadanos, uno de ellos James Vladimir Torres Moreno— permiten reconstruir el episodio con precisión. La propia entidad reconoce en esas respuestas que «derivado de la ejecución de estos trabajos que se realizan en la rosa de los vientos y las lluvias registradas durante la primera semana de julio, se produjo filtración de agua al nivel inferior, con afectación directa al área de custodia (depósito #3) y la documentación allí ubicada».

El balance es de 155 tomos afectados: 148 pertenecientes al fondo Ministerio de Gobierno y 7 del fondo Ministerio de Hacienda. Todos reposaban en ese depósito subterráneo de la sede principal del AGN, en pleno centro de Bogotá.

Lo que estaba en esas estanterías no es papel cualquiera. La Sección República, de la que forman parte esos fondos, contiene 94 fondos documentales producidos por secretarías de Estado, ministerios, gobernaciones y entidades nacionales desde el inicio de la vida republicana. Sus registros abarcan desde aproximadamente 1605 hasta mediados de la década de 1990: hacienda pública, leyes originales, libros manuscritos, archivos de Guerra y Marina, Instrucción Pública, Justicia, correos y aduanas. Cuatro siglos de Estado colombiano, guardados bajo tierra.

Una vez detectada la emergencia, el Grupo de Conservación y Restauración activó los protocolos del Plan de Conservación Documental. Los tomos fueron clasificados según el nivel de afectación y trasladados al laboratorio de restauración y a la sala de exposición. Allí comenzó una operación que incluyó inventario, secado por aireación natural, papeles absorbentes, ventiladores y equipos de deshumidificación.

El diagnóstico técnico conocido por El Colombiano describe las huellas visibles: ondulaciones y deformaciones en varias encuadernaciones, y pérdida de planimetría —alteraciones físicas en la superficie del papel— en algunos folios. El propio dictamen del Grupo de Conservación admite que el agua causó «pérdida de planimetría en algunos casos, dadas las características y el comportamiento de los materiales en contacto con el agua» y que «en cuanto a las encuadernaciones, algunas presentan ondulaciones y deformaciones por la humedad». Las unidades de conservación originales —las bandejas laterales donde reposaban los libros— resultaron afectadas y deben ser reemplazadas en su totalidad, según el mismo diagnóstico.

Al momento de responder los derechos de petición, el AGN informó que los documentos ya estaban completamente secos y permanecían bajo intervención en los laboratorios de restauración. La entidad también activó un protocolo de emergencia microbiológica: los técnicos realizaron muestreos sobre los soportes afectados y adelantaron procesos de desinfección, dado que la humedad atrapada en el papel puede convertirse en el escenario ideal para la proliferación de microorganismos capaces de deteriorar los documentos de manera progresiva.

Hay, sin embargo, una vulnerabilidad que el agua dejó al descubierto y que ningún ventilador puede resolver: parte de los documentos afectados todavía no cuenta con una copia digital que garantice la preservación de su contenido. El incidente físico reveló, de paso, un rezago en la digitalización del patrimonio documental del país.

La escena lo dice todo. El aparato estatal colombiano lleva décadas custodiando los registros de su propia existencia en un edificio cuyas obras de infraestructura terminaron inundando ese mismo archivo. La pregunta que queda abierta no es solo técnica —cuántos tomos se recuperarán sin pérdida permanente de información— sino de gestión pública: quién autorizó las obras en la «rosa de los vientos» sin garantizar la impermeabilización del nivel subterráneo, y por qué, en 2026, documentos que abarcan cuatro siglos de historia republicana siguen sin respaldo digital. El patrimonio documental de una nación no admite burocracia lenta ni presupuestos diferidos. Cuando el agua llega, ya es tarde.

Más de Américas