AHORA
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Negocios

El asado que se exporta y la carne que se importa

Argentina cerrará 2026 con exportaciones de carne vacuna superiores a USD 3.000 millones —un récord histórico— mientras importa carne brasileña para cubrir su mercado interno. El libre mercado, no el proteccionismo, está reescribiendo la ganadería argentina.
Foto: infobae.com
domingo 16 de agosto de 2026

Para entender el presente hay que volver a esa semana de junio en que los embarques de carne argentina hacia Estados Unidos crecieron un 193,9% interanual. No fue un accidente: fue el resultado de una negociación que amplió la cuota de acceso libre de aranceles de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, y de un sector que decidió seguir el precio, no la tradición.

Los números del primer semestre de 2026 son elocuentes. Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) elaborados a partir de cifras del INDEC, entre enero y junio se exportaron 280.140 toneladas de carne bovina por un valor acumulado de USD 2.260 millones. Solo en junio, los embarques generaron divisas por USD 427,8 millones, un 40,4% más que en el mismo mes del año anterior. El precio promedio de exportación en ese mes fue de USD 7.879 por tonelada, casi un 30% por encima del registrado en junio de 2025.

Andrés Costamagna, director de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y consultor ganadero de Córdoba, proyectó que las exportaciones totales del año superarán los USD 3.000 millones. Un registro histórico que, paradójicamente, se alcanzará con menos kilos vendidos que en años anteriores.

La paradoja tiene explicación. El stock ganadero se redujo tras la sequía de 2023, y los productores atraviesan un ciclo de retención de vientres para recomponer rodeos. Eso contrajo la disponibilidad de animales para faena y redujo la producción por habitante de 70 kilogramos anuales a 55 kilogramos. Las 700.000 toneladas proyectadas para 2026 quedan lejos del millón de toneladas de 2022 y 2024. Menos volumen, pero a precios que duplican los de hace un año: el precio promedio de venta al mercado estadounidense trepó de USD 6.500 a USD 8.500 la tonelada entre 2025 y 2026, según el IPCVA.

Estados Unidos se convirtió en el segundo destino en volumen, con una participación del 16,2% del total exportado. Al 3 de agosto, Argentina ya había utilizado el 72,5% de su cupo permanente en ese mercado, el porcentaje más alto entre todos los países beneficiarios, por encima de Australia (69,8%), Nueva Zelanda (66%) y Uruguay (64,9%). Costamagna anticipó que las 100.000 toneladas «se van a completar antes de fin de año, porque el negocio da».

La escena lo dice todo: Argentina envía a Estados Unidos no solo trimmings —recortes magros para hamburguesas— sino también cortes de mayor calidad. El modelo exportador está escalando.

Y aquí aparece el giro que incomoda a más de un nostálgico del asado nacional. Esa menor producción por habitante abre la puerta a la importación. Costamagna lo describió sin eufemismos: «Vamos a importar a USD 4 el kilo y exportar a USD 8, que es como hacen Estados Unidos y Uruguay». Los principales proveedores serían Brasil, en menor medida Paraguay y Uruguay. Las importaciones ya crecieron de manera pronunciada en términos porcentuales, aunque en volumen absoluto todavía son marginales frente a las 180.000 toneladas mensuales que consume el mercado local. El consultor anticipó que Argentina adoptará progresivamente el modelo de Uruguay, que abastece parte de su mercado interno con carne importada mientras sostiene un flujo exportador de alto valor. El escenario de precios internacionales elevados, según Costamagna, se extendería hasta 2033.

Los detalles cuentan la historia. Durante décadas, la política argentina hacia la ganadería fue un manual de lo que no debe hacerse: retenciones a las exportaciones, cupos, prohibiciones, intervención de precios. El resultado fue un sector castigado, un consumidor interno subsidiado con carne barata y un país que dejó sobre la mesa miles de millones de dólares en divisas. Lo que ocurre en 2026 es la otra cara de esa moneda: cuando el aparato estatal afloja su presión y el productor puede seguir la señal del precio internacional, el sector responde con inversión, retención de vientres y búsqueda de mercados de mayor valor.

El consumidor argentino pagará más por su asado, o lo comprará importado de Brasil. Eso es, en esencia, lo que significa asignar recursos donde generan mayor valor. No es una tragedia cultural: es el funcionamiento básico de la libre empresa. La pregunta que queda abierta es si el Estado tendrá la disciplina de no volver a intervenir cuando los precios internos suban y la presión política arrecie. La historia reciente del país no invita al optimismo, pero los números de este semestre demuestran que, cuando se deja trabajar al mercado, Argentina sabe perfectamente lo que hace.

Más de Negocios