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El contacto «escolta senador»

La Fiscalía rastrea un número guardado en el teléfono de un condenado por el magnicidio de Miguel Uribe Turbay que podría revelar una infiltración en su esquema de seguridad.
Foto: elcolombiano.com
martes 18 de agosto de 2026

Los detalles cuentan la historia. En el teléfono de Elder José Arteaga Hernández, alias Chipi o El Costeño, condenado por el magnicidio del exsenador Miguel Uribe Turbay, los investigadores encontraron un contacto registrado bajo el nombre «escolta senador» o «escolta del senador». Ese hallazgo, contenido en dos expedientes a los que accedió El Colombiano, es hoy el hilo que la Fiscalía jala con más urgencia.

La pregunta que organiza la investigación es doble. Primera: ¿ese contacto sirvió para filtrar información privilegiada a quienes planearon y ejecutaron el atentado contra Uribe Turbay? Segunda, y más inquietante: ¿fue registrado deliberadamente para crear una falsa apariencia de acceso al esquema de seguridad y así desviar la pesquisa hacia una pista muerta?

Ambas hipótesis tienen peso propio. Si la primera se confirma, el caso dejaría de ser el de un ataque perpetrado desde afuera del entorno del senador para convertirse en algo cualitativamente distinto: una operación con inteligencia interna, con alguien que conocía movimientos, rutas o rutinas. Si la segunda resulta cierta, hablaría de una arquitectura criminal lo suficientemente sofisticada como para sembrar evidencia falsa y anticipar el trabajo forense.

La Fiscalía, según lo que se conoció del expediente, avanza en establecer la identidad real de esa persona. El equipo investigador no ha descartado ninguna de las dos líneas. La tarea inmediata es cruzar el número con registros de operadores, con nóminas de esquemas de protección y con el historial de llamadas en las semanas previas al atentado.

El caso Uribe Turbay ya tenía condenas. Arteaga Hernández es uno de los condenados, lo que sitúa este nuevo hallazgo no en la fase de identificación de autores materiales sino en la de autoría intelectual y posibles cómplices con acceso institucional. Ese es el escalón que las investigaciones de magnicidio en Colombia raramente logran subir.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que los peritos revisaron el dispositivo móvil de El Costeño. Un nombre en una agenda puede parecer un dato menor. En este expediente, es la pieza que podría reconfigurar todo el mapa del crimen.

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La escena lo dice todo. Un contacto guardado como «escolta senador» en el teléfono de un asesino condenado no es un detalle administrativo: es, si se confirma su naturaleza, la evidencia de que el Estado fue usado contra uno de sus propios. Colombia lleva décadas enfrentando la infiltración del crimen en sus instituciones, y cada vez que un caso como este avanza más allá de los ejecutores materiales, el sistema judicial enfrenta su prueba más difícil: la de investigarse a sí mismo.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el seguimiento riguroso de esta pista no es opcional. Si hay un funcionario público que vendió información sobre el esquema de seguridad de un senador, el ciudadano tiene derecho a saberlo, y el aparato estatal tiene la obligación de responder. La impunidad en los magnicidios no es solo un fracaso judicial: es una señal de precio para quienes consideran eliminar a sus adversarios políticos.

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