La escena lo dice todo. Palacio de Gobierno, cámaras encendidas, cuatro secretarios flanqueando al gobernador Samuel García Sepúlveda y un mensaje repetido con precisión quirúrgica: Nuevo León es primero en todo. Primero en riqueza, primero en lo social, primero en salud, primero en educación. El formato se llamó «Nuevo León Informa». La función, sin embargo, tenía otro nombre.
Los detalles cuentan la historia. García Sepúlveda afirmó que la pobreza general en el estado bajó de 25 a 10 por ciento, que la pobreza moderada pasó de 22 a 10 por ciento y que la pobreza extrema se redujo de 2 a 0.5 por ciento. Según el gobernador, 94 mil personas salieron de la pobreza extrema y la población considerada «no pobre y no vulnerable» creció 34 por ciento, lo que describió como un crecimiento importante de la clase media.
En salud, el gobierno afirma que 93 por ciento de los neoleoneses cuenta con cobertura médica y que el estado ocupa el primer lugar en indicadores de acceso a servicios médicos y esperanza de vida. En vivienda, el 98.1 por ciento de la población tendría acceso a servicios básicos. En educación, Nuevo León registraría el menor rezago educativo del país, con escuelas de tiempo completo de ocho horas que incluyen inglés, computación y deportes, además de uniformes, mochilas, calzado y alimentación.
La Universidad Ciudadana, señaló García Sepúlveda, pasó de tres mil a 30 mil estudiantes y este año contempla el inicio de programas de doctorado en línea. En atención a la neurodivergencia, el gobernador anunció la meta de llegar a 80 mil niños registrados y diagnosticados con autismo u otras condiciones.
Entre los programas sociales mencionados figura «Ayudamos», a través del cual se habrían entregado alimentos a 553 mil personas mediante el esquema Hambre Cero. Además, 106 mil mujeres recibirían apoyos económicos y beneficios de transporte, y 16 mil personas con discapacidad participarían en programas de apoyo.
Como anuncio de cierre, García Sepúlveda reveló que el espacio que ocupaba el Penal del Topo Chico será transformado en un museo dentro del llamado Parque Libertad, con áreas para niños y adultos mayores.
Todas estas cifras fueron presentadas por el propio gobierno estatal, sin contraste de fuentes independientes en el acto. La conferencia no incluyó preguntas de periodistas ni comparecencia de organismos externos que validaran los datos.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. García Sepúlveda lleva meses en una posición política peculiar: gobernador en funciones con aspiraciones presidenciales apenas disimuladas, en un estado que es, efectivamente, el motor económico más dinámico de México. Nuevo León atrae inversión, genera empleo y tiene indicadores estructuralmente superiores al promedio nacional, en buena medida por décadas de cultura empresarial y libre mercado que ningún gobierno estatal creó solo.
Eso es precisamente lo que la lectura de Hemisferio no puede pasar por alto. Los logros reales de Nuevo León —y los hay— se asientan sobre una base que el sector privado, la iniciativa individual y la geografía industrial construyeron mucho antes de que García Sepúlveda llegara al Palacio de Gobierno. Atribuirlos en bloque a la gestión del gobernador, como hizo el acto del martes, es un ejercicio de apropiación política del éxito ajeno. El aparato estatal puede acompañar o entorpecer la prosperidad; rara vez es su autor. Cuando un gobierno convierte los indicadores de una sociedad productiva en propaganda personal, el ciudadano tiene derecho a preguntar qué parte del mérito es suya y qué parte pertenece a los contribuyentes y empresas que sostienen ese estado. La respuesta, en Nuevo León, suele incomodar a quienes están en el presídium.



