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El etiquetado que nadie lee

Solo 2 de cada 10 adultos en México comprenden o usan activamente la información nutrimental al comprar, según la Ensanut. Nestlé México lanzó una guía práctica para revertir ese dato.
Foto: eluniversal.com.mx
lunes 17 de agosto de 2026

La escena se repite millones de veces al día en los pasillos de cualquier supermercado mexicano: un consumidor toma un producto, lo voltea, observa la tabla de información nutrimental durante dos segundos y lo deposita en el carrito sin haber procesado nada. No es descuido; es que nadie le enseñó a leer esa etiqueta.

Los números lo confirman. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), únicamente 2 de cada 10 adultos en México comprenden o utilizan activamente la información nutrimental al momento de adquirir sus productos. En un mercado con una oferta alimentaria en expansión constante, ese analfabetismo nutricional tiene consecuencias directas sobre las decisiones de compra de millones de familias.

Frente a ese diagnóstico, Nestlé México publicó una serie de recomendaciones para que los consumidores aprendan a interpretar las tablas de declaración nutrimental de forma, según la compañía, «sencilla, rápida y útil».

El primer paso: la porción

El punto de partida, según la guía de la empresa, es revisar la porción, un dato ubicado en la parte superior de la etiqueta e indicado en gramos, piezas o mililitros. La aclaración es relevante: esa cifra no indica la cantidad recomendada de consumo, sino la cantidad de producto que se tomó como referencia para calcular todos los demás valores nutrimentales. Si un envase contiene varias porciones y el consumidor no hace ese cálculo, los números que lee no corresponden a lo que realmente ingiere.

«Aprender a leer las declaraciones nutrimentales ayuda a entender cómo incorporar un producto de manera informada y en las cantidades correctas a nuestra alimentación cotidiana», señaló Ana Villarreal, gerente de Bienestar y Nutrición en Nestlé México.

Qué mirar y qué moderar

La tabla nutrimental funciona, en palabras de la propia compañía, como «una radiografía del producto». Incluye dos grandes categorías de información: los nutrientes cuyo consumo conviene moderar —calorías, azúcares añadidos, grasas saturadas y grasas trans— y los nutrientes que el organismo necesita en cantidades adecuadas, como proteínas, fibra, vitaminas y minerales.

Estos últimos suelen expresarse en porcentaje del Valor Nutrimental de Referencia (%VNR), que indica cuánto aporta una porción del producto respecto a la ingesta diaria de referencia. Saber leer ese porcentaje permite comparar marcas y elegir la opción que mejor se adapte a las necesidades de cada hogar.

Nestlé México sugiere tres hábitos concretos al momento de comprar: revisar la porción para calcular correctamente el valor nutrimental total del envase; comparar marcas antes de decidir; y dar preferencia a las opciones con menor contenido de azúcares, grasas saturadas y sodio. La compañía añade que todos los alimentos pueden formar parte de una dieta equilibrada «siempre que se consideren la moderación, el equilibrio y la frecuencia de consumo».

El mensaje cierra con una recomendación de consultar a un profesional de la nutrición para diseñar un plan alimentario acorde con las necesidades individuales y familiares.

«Queremos que las familias vean el bienestar como algo alcanzable y cotidiano», resumió Villarreal.

Lo que el dato revela

Los detalles cuentan la historia. Que solo 2 de cada 10 adultos mexicanos lean y entiendan una etiqueta nutrimental no es un problema de diseño gráfico: es el resultado de décadas de política pública que apostó por la regulación de la oferta —sellos de advertencia, restricciones publicitarias, impuestos a bebidas azucaradas— antes que por la educación del consumidor.

Desde la perspectiva de Hemisferio, el enfoque regulatorio tiene un costo que rara vez se contabiliza: sustituye la capacidad de decisión del individuo por la tutela del Estado, bajo el supuesto de que el ciudadano no puede o no debe elegir por sí mismo. La iniciativa de Nestlé México apunta en la dirección contraria: dotar al consumidor de herramientas para que sea él quien decida, con información, en el punto de venta. Es un modelo que apuesta por la libertad individual y la responsabilidad personal antes que por la prohibición. Y los números de la Ensanut sugieren que ese trabajo de educación está, en gran medida, todavía por hacerse.

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