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El ministro de Vivienda en la playa y 312 muertos sobre la mesa

La senadora Zuleta cita a Beltrán ante la Comisión Séptima para que explique el plan de reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto; la pregunta de fondo es quién pagará los 30 billones de pesos que costará rehacer el país.
Foto: infobae.com
miércoles 19 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. El sábado 15 y el domingo 16 de agosto, mientras el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y el Chocó contaban escombros y cadáveres, el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, compartía horas con su familia en una playa de Santa Marta. Medicina Legal ya registraba 312 muertos por el terremoto del lunes 10 de agosto. El Gobierno de Abelardo de la Espriella tenía apenas diez días de vida.

La imagen bastó para que la senadora del Centro Democrático Claudia Margarita Zuleta activara la maquinaria legislativa. Zuleta citó a Beltrán ante la Comisión Séptima del Senado para que responda por la atención oficial a la emergencia. En paralelo, la Cámara de Representantes también prepara un debate de moción de censura contra el mismo funcionario.

La congresista, de origen cesarense, fue cuidadosa en sus palabras. Aclaró que, «como madre de familia», entiende que los servidores públicos necesitan tiempo con sus familias. Pero insistió en que a diez días de iniciado el Gobierno la prioridad debía ser la presencia directa en los territorios golpeados. Su argumento no era moral sino institucional: el propio presidente De la Espriella había ratificado a Beltrán como el encargado de liderar el Plan Milagro de reconstrucción nacional. Ese encargo, dijo Zuleta, exige una dedicación que no admite pausas de fin de semana cuando los números todavía suben.

El ministro respondió con firmeza. «Desde el primer día de esta emergencia he estado al frente de la situación», afirmó Beltrán, quien negó haber estado de vacaciones. Según su versión, en cuestión de horas su despacho tuvo lista la metodología para subsidiar arriendos y servicios públicos de los afectados, y él mismo recorrió Chocó, Valle, Risaralda y Caldas para evaluar daños y coordinar con alcaldes y gobernadores. Sobre Santa Marta, fue directo: «Quise compartir unas horas con mi esposa y mis hijos, a los que hace varios días no veía, para inmediatamente continuar con mi trabajo de consolidar las fases de reconstrucción».

Pero Zuleta dejó en claro que la citación va más allá de la anécdota playera. El debate que ella quiere no es disciplinario sino presupuestario. Según una declaración reciente del propio presidente de la República, la reconstrucción podría costar 30 billones de pesos, y las donaciones reunidas hasta ahora no representan ni el 10% de esa cifra. La senadora pidió que el cuestionario al ministro incluya el plan financiero del Ministerio de Vivienda de cara a la discusión del Presupuesto General de la Nación y el Plan Nacional de Desarrollo, los dos instrumentos que definirán la hoja de ruta de la administración entrante.

La aritmética es brutal: si las donaciones no alcanzan el 10% de 30 billones, el resto tendrá que salir del erario, de deuda o de una reforma tributaria. Esa es la pregunta que la Comisión Séptima deberá forzar a responder.

Los detalles cuentan la historia. Un gobierno que lleva apenas diez días en funciones y ya enfrenta la mayor emergencia humanitaria que el país ha visto en años no puede darse el lujo de que su debate público se consuma en si el ministro estuvo o no en la playa. Zuleta, con toda su prudencia retórica, lo entendió y reencuadró el debate hacia donde duele: el dinero de los contribuyentes y la capacidad real del aparato estatal para reconstruir lo que el terremoto destruyó.

Hemisferio considera que ese es el único ángulo que importa. La libre empresa y los hogares del Eje Cafetero, el Valle y el Chocó no necesitan un ministro que explique sus fines de semana; necesitan un plan financiero creíble, plazos concretos y la certeza de que el Estado no convertirá la tragedia en una excusa para expandir el gasto sin control ni rendición de cuentas. La Comisión Séptima tiene ahora la oportunidad de exigir exactamente eso.

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