La escena lo dice todo. A semanas del arranque del nuevo periodo ordinario, los pasillos del Senado de la República ya tienen un nombre que circula con insistencia: Higinio Martínez Miranda, senador por el Estado de México, vicecoordinador de Morena y pieza clave de la Junta de Coordinación Política.
Según información del diario Reforma, senadores de Morena prevén que Martínez sea quien presida la Cámara Alta luego de tomar ventaja en la definición interna sobre el tabasqueño Óscar Cantón Zetina. La renovación de la Mesa Directiva deberá resolverse antes del 1 de septiembre, fecha en que Laura Itzel Castillo dejará la presidencia del Senado para asumir la titularidad de la Secretaría de las Mujeres.
Los detalles cuentan la historia. Martínez no esperó a que lo buscaran: en junio pasado hizo pública su intención de presidir la Mesa Directiva, argumentó sus ocho años consecutivos en la Cámara Alta y, para julio, ya había enviado una carta formal para registrar su aspiración dentro del proceso interno del partido. Cantón Zetina fue el otro senador de Morena que confirmó públicamente su interés, pero la ventaja, según los reportes, se inclinó hacia el mexiquense.
Lo que distingue el perfil de Martínez no es solo la antigüedad legislativa. De acuerdo con reportes de Quadratín, el senador cuenta con el respaldo de su bancada y, llamativamente, de una gran mayoría de senadores opositores a la 4T. Ese dato no es menor: en un Senado donde Morena y sus aliados controlan la mayoría, sumar votos de la oposición convierte a cualquier candidato en una figura de consenso —o, según se mire, en alguien que ha sabido tejer acuerdos a puerta cerrada con quienes deberían fiscalizar al oficialismo.
Junto a Martínez han aparecido otros nombres en la conversación. Manuel Huerta Ladrón de Guevara, senador por Veracruz, figura entre las alternativas dentro de Morena. Además, existe la posibilidad de que el Partido Verde impulse a Jorge Carlos Ramírez Marín. Ninguno, sin embargo, parece haber acumulado el mismo nivel de respaldo visible.
Para entender el presente hay que volver a la trayectoria. Martínez Miranda nació el 18 de junio de 1956 en Texcoco, Estado de México. Médico cirujano de formación, construyó su carrera política en el oriente mexiquense, primero dentro del Partido de la Revolución Democrática, donde articuló el llamado Grupo de Acción Política —identificado también como el Grupo Texcoco— y desde el cual proyectó a distintos cuadros de la izquierda estatal. Fue presidente municipal de Texcoco en dos ocasiones y ocupó la Coordinación General de Asuntos Metropolitanos durante el gobierno de la Ciudad de México, periodo en que coincidió con Andrés Manuel López Obrador. Con el tiempo migró a Morena y se consolidó como uno de los principales operadores políticos del oriente del Estado de México.
Actualmente integra la LXVI Legislatura y ocupa la vicecoordinación de la bancada de Morena, posición desde la que participa en las negociaciones del grupo parlamentario. Ocho años consecutivos en la Cámara Alta son, en la política mexicana, un capital difícil de ignorar.
La decisión final, no obstante, sigue dependiendo de los acuerdos al interior de Morena. El partido ha demostrado en repetidas ocasiones que las ventajas públicas pueden revertirse en las horas previas a una votación, cuando los equilibrios internos se ajustan lejos de las cámaras.
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Lo que está en juego trasciende el nombre del próximo presidente del Senado. La Cámara Alta es, en este momento, la pieza del aparato estatal con mayor capacidad para aprobar reformas constitucionales, ratificar nombramientos y fijar el ritmo legislativo del gobierno de Claudia Sheinbaum. Que el candidato con más fuerza sea precisamente aquel que suma respaldo opositor revela la lógica del sistema: en México, la negociación entre bloques que deberían ser adversarios suele producir acuerdos que blindan al oficialismo más que cualquier mayoría simple.
Para los ciudadanos que esperan un Senado que fiscalice con rigor el gasto público, defienda la propiedad privada y ponga freno a la expansión del aparato estatal, el perfil de un operador político de décadas —con raíces en el PRD y consolidado en Morena— no ofrece señales alentadoras. La pregunta relevante no es quién presidirá la Mesa Directiva, sino qué agenda legislativa respaldará desde ese asiento.



