La sala parecía un hogar cualquiera de Lima: muebles, objetos sobre las repisas, pasillos con sus pequeños obstáculos cotidianos. Pero cuando el piso comenzó a moverse, la ilusión de normalidad se rompió en segundos.
Esa fue la escena central de una demostración organizada por el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), en la que un simulador reprodujo un sismo de magnitud 7,3. El objetivo era uno solo: mostrar, en carne propia, por qué la reacción debe comenzar con el primer indicio de movimiento y no cuando la sacudida ya es imposible de ignorar.
La onda primaria: el único margen real
Mario Valenzuela Ramírez, de la Dirección de Preparación del Indeci, explicó durante el ejercicio que los sismos inician con la llamada onda primaria, un movimiento inicial que suele ser leve. Ese breve instante, subrayó, es la única ventana útil para dirigirse a la zona segura interna. Una vez que llega la onda de mayor intensidad, desplazarse o incorporarse se vuelve casi imposible.
Las participantes de la experiencia lo comprobaron sin margen para la duda. «No voy a poder pararme ni caminar», describió una de ellas durante el ejercicio, y explicó que la única opción fue arrastrarse hacia la zona segura porque el cuerpo pierde estabilidad cuando todo vibra con fuerza. Otra participante relató que, al pensar en la protección de su hijo, entendió que la reacción debía ser inmediata. «A la primera sensación de movimiento debemos reaccionar porque después no se puede», resumió.
Un equipo donado por Japón, calibrado para Perú
El simulador utilizado reproduce la experiencia de un terremoto ocurrido en Kobe, Japón, en 1995. Según explicó Valenzuela Ramírez, el equipo fue donado por el gobierno japonés. La magnitud de 7,3 no fue elegida al azar: un evento de esa escala podría presentarse en el país, conforme a los escenarios identificados por el Instituto Geofísico del Perú. La costa peruana, recordó el funcionario, registra sectores con alta vulnerabilidad según las mismas alertas de ese instituto.
El especialista también aclaró un malentendido frecuente: no existe una relación directa entre la magnitud de un sismo y su duración. Como ejemplo, citó un sismo de 4,8 registrado a 42 kilómetros de profundidad ocurrido esa misma mañana, para ilustrar la variedad de escenarios posibles.
Plan familiar, rutas despejadas, mochila lista
Más allá de la reacción individual, Valenzuela Ramírez insistió en la necesidad de un plan familiar de emergencia donde cada integrante tenga tareas concretas asignadas. Si hay personas adultas mayores o con movilidad reducida, alguien debe encargarse específicamente de asistirlas y trasladarlas al espacio seguro.
Las rutas de evacuación deben mantenerse despejadas: vitrinas, macetas y cualquier objeto que pueda caer o bloquear el paso tienen que retirarse de pasillos y áreas de salida. Los elementos con riesgo de desprendimiento deben quedar fijos o empotrados a la pared. En cuanto al mobiliario, la recomendación fue evitar mesas de vidrio y optar por estructuras más resistentes.
Para quienes habitan en edificios de varios pisos, la instrucción fue clara: no intentar evacuar durante el movimiento. En un piso 13 o 15, la acción recomendada es dirigirse a la zona segura ubicada en el encuentro entre vigas y columnas, o junto al ascensor. Abandonar el inmueble en pleno evento resulta inviable y peligroso.
La demostración concluyó con un llamado a mantener siempre lista la mochila de emergencia, la caja de reserva y el plan familiar. «La preparación no puede esperar a que llegue el terremoto», enfatizó Valenzuela Ramírez.
Lo que está en juego
La lección del simulador trasciende el ejercicio técnico. Perú es uno de los países con mayor actividad sísmica de América Latina, y la brecha entre saber que el riesgo existe y estar preparado para enfrentarlo tiene consecuencias que se miden en vidas. El Indeci no pide recursos extraordinarios ni tecnología de punta para el ciudadano común: pide organización previa, muebles bien fijados y una ruta de salida despejada.
Es, en el fondo, una apuesta por la responsabilidad individual y familiar antes que por la dependencia en el aparato estatal durante la emergencia. Cuando el piso se mueve, el Estado no llega en diez segundos. La familia sí está ahí.



