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El sistema eléctrico colombiano, al límite

El terremoto del 10 de agosto desconectó el 18% de la demanda nacional y estuvo a punto de provocar un apagón total. Ahora, con más del 90% de probabilidad de un Niño fuerte, el operador XM advierte que el país podría enfrentar el mayor estrés energético de su historia.
Imagen generada con IA
sábado 22 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. En el centro de control de XM, mientras el sismo del 10 de agosto todavía sacudía edificios en varias regiones de Colombia, los operadores ya estaban ejecutando una coordinación de emergencia con todos los agentes del Sistema Interconectado Nacional. El reloj corría: un desbalance de esa magnitud, sin atención inmediata, podía derivar en un apagón nacional.

Así lo describió Juan Carlos Morales, gerente de XM, en entrevista con El Colombiano. Según Morales, el sismo provocó la desconexión abrupta de cerca del 18% de toda la demanda del Sistema Interconectado Nacional (SIN). La causa fue doble: por un lado, infraestructura dañada en los sistemas de distribución local; por otro, equipos de conexión al Sistema de Transmisión Nacional que activaron sus protecciones automáticas ante el evento.

El efecto físico fue inmediato. Al caer la carga de forma repentina, la frecuencia del sistema se disparó —como si de golpe hubiera más generación que consumo— generando riesgo de sobrefrecuencia, problemas de tensión y sobretensiones en cascada. «Esto llevó a que se desconectara el 18% de toda la demanda del Sistema Interconectado Nacional», explicó Morales. «Esta situación generó de inmediato eventos que debían ser atendidos y controlados de forma directa y rápida».

Lo que siguió fue, en palabras del propio gerente, «una tarea titánica». Algunos operadores quedaron completamente aislados del SIN, sin energía ni medios de comunicación. El equipo de XM tuvo que localizarlos uno a uno para restablecer el servicio. Al cierre de la entrevista, prácticamente toda la demanda había sido recuperada, con excepción de circuitos que permanecen fuera por daños físicos directos del terremoto.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El episodio no fue solo una prueba de resiliencia superada: fue también una radiografía de las vulnerabilidades estructurales del sistema eléctrico colombiano. Y el siguiente examen se anuncia más exigente.

Morales fue explícito: «En este momento hay una probabilidad de más del 90% de que tengamos una condición de El Niño fuerte en Colombia». El problema es que la matriz eléctrica del país está fundamentada en energía hidráulica. Un Niño intenso implica temperaturas más altas, mayor demanda y caída de los aportes hídricos —exactamente la combinación que lleva al sistema a su punto de quiebre.

La respuesta técnica que XM ya está evaluando es llevar el parque térmico a operación plena. Pero la magnitud del desafío no tiene precedente: «Podríamos necesitar, por ejemplo, el parque térmico operando full, al menos durante más de cinco meses consecutivos, situación que no ha pasado en la historia», advirtió Morales. Para eso se requiere que el sector gas y el de líquidos también funcionen a plena capacidad, incluyendo generación con carbón.

El Ministerio de Minas y Energía y la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) ya trabajan en nuevas reglas para anticipar y mitigar esos riesgos, según indicó el gerente de XM. La infraestructura de transmisión, con retrasos acumulados y redes al límite de su capacidad, es otro flanco abierto que el sistema arrastra.

Los detalles cuentan la historia. Colombia tiene una matriz eléctrica que, en condiciones normales, es eficiente y relativamente limpia. Pero esa misma dependencia de la hidroelectricidad la convierte en rehén del clima. Cuando el agua falta, no hay sustituto inmediato: la térmica debe entrar, y para eso se necesita gas, carbón, líquidos y —sobre todo— infraestructura de transmisión que hoy acusa años de rezago regulatorio e inversión insuficiente.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el cuadro es preocupante por razones que van más allá de la técnica. Un sistema eléctrico bajo estrés extremo es un freno directo a la inversión privada, a la industria y al crecimiento. Cada hora de racionamiento tiene un costo que pagan las empresas y los hogares, no el aparato estatal que administra las reglas. La pregunta que Colombia debe responder antes de que llegue el Niño no es solo operativa —cuántas turbinas térmicas pueden encenderse— sino de fondo: si el marco regulatorio y la política energética del gobierno de Petro están a la altura de un desafío que, según el propio operador del sistema, no tiene precedente en la historia del SIN.

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