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El Superclásico que la U no supo ganar

Reinhart desaprovechó dos opciones claras y Castellón reaccionó tarde en el segundo gol: así se explica la derrota azul ante Colo-Colo.
Foto: latercera.com
lunes 24 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Tobías Reinhart, con el partido aún abierto, tuvo frente a él dos oportunidades que, según el análisis del encuentro, pudieron «cambiar la historia». No las convirtió. Minutos después, Gabriel Castellón protagonizó una «lentísima reacción» en el segundo gol albo, que llegó, además, en el mejor momento azul. Esos dos instantes resumen el descalabro de Universidad de Chile en el Superclásico.

El partido tuvo una primera mitad en la que Castellón evitó con un par de intervenciones que la diferencia fuera mayor. Pero la defensa azul mostró fisuras desde temprano. Fabián Hormazábal perdió la marca en el pivoteo de Correa en el primer gol, aunque al instante ejecutó un cierre clave para evitar el segundo. Matías Zaldivia llegó tarde en varios duelos y se enfrascó, según la crónica, «innecesariamente en muchas discusiones con el rival». Nicolás Ramírez sufrió en exceso con Correa y hubo momentos en que lo pasó muy mal.

En el mediocampo, el diagnóstico fue igualmente severo. Lucas Barrera tuvo un pésimo primer lapso: se vio superado por la inferioridad numérica y dejó en varias oportunidades un vacío en el medio. Mejoró en el complemento, tanto en los duelos como en la claridad para asociarse. Marcelo Morales, por su parte, registró varias pérdidas en salida que propiciaron peligro albo y se mostró «complicado y dudoso en varios pasajes», aunque comenzó a ser factor en el último tercio del partido.

El nombre que concentra las miradas es Reinhart. «Desaparecido y excesivamente nervioso», describe la crónica. Cuando comenzó a aparecer como opción, se mostró errático, sobre todo en los controles. Falló en demasía. Un remate suyo terminó en el penal que Charles Aránguiz convirtió con su habitual acierto, pero las dos ocasiones inmejorables que tuvo quedaron sin gol. Esas son las oportunidades que la U no puede darse el lujo de desperdiciar en un Superclásico.

Aránguiz fue el más activo de los azules. Siempre se mostró como opción para construir el juego, aunque también lo pasó mal, sufriendo solo en el mediocampo. La crónica lo califica de «indispensable para la U». Su salida, cuando Gonzalo Reyna ingresó en su lugar, se sintió de inmediato: el reemplazante no logró desbordar ni generar algo más que centros sin intención.

En ataque, Eduardo Vargas fue enérgico pero muy solo en ofensiva. En el segundo tiempo se convirtió en una amenaza, aunque no terminó de gravitar. Marcó un cabezazo en posición de adelanto. Agustín Arce combinó buenas con malas, no se vio cómodo jugando de extremo izquierdo y tendió a centralizarse; tuvo chispazos al inicio del complemento, pero se diluyó rápidamente. Maximiliano Guerrero tomó varias malas decisiones que frenaron ataques azules, fue amonestado por un pisotón y fue reemplazado al ir a vestuarios.

El ingreso de Igor Lichnovsky por Guerrero en el complemento ordenó a la U al equiparar con un sistema espejo, aunque se vio muy ligero en un duelo en el segundo gol. Ignacio Vásquez, que entró por Arce, fue incisivo y generó peligro por la derecha, pero fue perdiendo peso con el correr de los minutos.

Los detalles cuentan la historia. La U no perdió el Superclásico solo por los errores individuales, sino por la suma de decisiones mal tomadas en los momentos que más pesan: Reinhart con el arco a tiro, Castellón con el tiempo en contra, Guerrero frenando ataques con malas elecciones. En un partido de estas dimensiones, cada uno de esos instantes tiene precio.

Para Hemisferio, el resultado es también un espejo del estado del proyecto azul. Un equipo que depende de manera casi exclusiva del liderazgo de Aránguiz para construir y que no tiene quién resuelva cuando las ocasiones llegan no está en condiciones de disputar el clásico de igual a igual. La pregunta que queda abierta no es qué pasó el domingo, sino cuándo la U tendrá la profundidad de plantel para que un Superclásico no se decida por las ausencias y los nervios de un solo jugador.

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