Lima, 21 de agosto de 2026. Los números cuentan dos historias al mismo tiempo, y la contradicción entre ellas es el dato más revelador.
De las 222.426 empresas formadas en Perú durante 2025, más de la mitad fueron impulsadas por mujeres: el 51,9%, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Es una mayoría clara, sostenida, medible. Y sin embargo, cuando se mira quién ocupa la silla del CEO en las grandes compañías del país, la imagen cambia de forma abrupta: solo el 15% de esos puestos están en manos femeninas, de acuerdo con IPAE Mide.
Los detalles cuentan la historia. En 2021, el 24% de los CEO en Perú eran mujeres. Para 2025, esa proporción había caído nueve puntos porcentuales, hasta el 15%. Cuatro años de retroceso en un indicador que, en teoría, debería moverse en la dirección contraria dado el dinamismo emprendedor femenino que registran las estadísticas del INEI.
El sector tecnológico ofrece cifras algo mejores, aunque tampoco para celebrar. En empresas de mercado medio, las mujeres representan el 25,8% de los CEO y el 20,2% de los CTO, según Grant Thornton. Son porcentajes que superan la media nacional, pero que siguen dejando a la mayoría de los puestos de decisión tecnológica fuera del alcance femenino. En un sector donde se definen las apuestas de inversión, los modelos de negocio y la transformación digital, esa ausencia tiene consecuencias concretas sobre qué proyectos avanzan y cuáles no.
Lucero León, presidenta del Consejo Directivo del Woman in Technology Summit, pone el foco en las condiciones estructurales más que en las capacidades individuales. «Las empresas tienen que generar condiciones para que las mujeres puedan desarrollar sus carreras y participar en las decisiones estratégicas», dijo León. Según la experta, políticas de igualdad de oportunidades, promoción interna y formación continua son fundamentales para cerrar la brecha.
El Woman in Technology Summit reunirá el 30 de septiembre en Lima a representantes del sector empresarial, académico y público, con el objetivo de fortalecer la presencia femenina en tecnología a través del intercambio de experiencias y el fortalecimiento de redes profesionales.
La escena lo dice todo: una economía donde las mujeres crean más empresas que los hombres, pero donde su peso en la alta dirección no solo no crece, sino que retrocede. La base de talento existe. La capacidad de asumir riesgo, también. Lo que falta, según los propios datos, es el puente entre el emprendimiento y el liderazgo corporativo de gran escala.
Para Hemisferio, el dato más incómodo no es el 15%, sino la dirección de la tendencia: hacia abajo, en cuatro años, mientras el emprendimiento femenino iba hacia arriba. Esa divergencia sugiere que el problema no es de oferta de talento, sino de incentivos y estructuras dentro de las organizaciones establecidas. En un país que necesita más inversión privada, más innovación y más competencia, desperdiciar capital humano calificado por razones ajenas al mérito es un lujo que el mercado no debería permitirse. Las empresas que construyan caminos reales de ascenso para sus mejores cuadros, independientemente del género, no lo harán por mandato ideológico: lo harán porque es la decisión más rentable.



