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Farmear aura en el erario

Clara Brugada inaugura una nueva Utopía en la Ciudad de México con laboratorios de robótica, realidad virtual y talleres creativos, y llama a la juventud a «farmear aura» lejos de las pantallas. El aparato estatal capitalino suma otro recinto financiado por los contribuyentes.
Foto: eluniversal.com.mx
miércoles 26 de agosto de 2026

La escena lo dice todo.

En la estación del Metro Colegio Militar, con secretarios de gobierno en primera fila y cámaras apuntando, Clara Brugada cortó el listón de la Utopía México-Tenochtitlan «Estación Creativa» y lanzó una invitación que pocas veces se escucha en boca de un funcionario: que las juventudes capitalinas salgan de sus pantallas y vengan a «farmear aura» a los espacios públicos.

El término —jerga de videojuego que alude a acumular prestigio o energía— fue el gancho de una inauguración que mezcló el lenguaje de las redes sociales con la retórica de siempre: el Estado como gran proveedor de experiencias, imaginación y comunidad.

Lo que ofrece el recinto

Según Brugada, la nueva Utopía cuenta con un piso dedicado a la creación tecnológica que incluye aulas de baile digital, espacios para la elaboración de cómics, manga y videojuegos, y laboratorios de robótica y realidad virtual. A eso se suman salas inmersivas, simuladores deportivos, un Laberinto de los Espejos y un taller textil para la confección y el trueque de prendas.

La jefa de Gobierno precisó el objetivo central del proyecto: que los jóvenes pasen de consumir tecnología a crearla. «Que no solo se juegue en un videojuego, sino que se aprenda a diseñar el videojuego; que no solo miren una pantalla, sino que programen lo que ocurre en esa pantalla; que construyan robots y descubran que la tecnología también puede ser un lenguaje para expresar su creatividad y también cambiar el mundo», dijo.

En la inauguración estuvo presente el alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, además de varios secretarios del gobierno capitalino.

El modelo Utopía

Las Utopías son recintos de uso comunitario impulsados desde el gobierno de la Ciudad de México. La de México-Tenochtitlan se presenta como un punto de encuentro orientado específicamente a la juventud, con una oferta que combina actividades recreativas, comunitarias y tecnológicas bajo un mismo techo.

Brugada subrayó que la apuesta no es alejar a los jóvenes de la tecnología, sino reencuadrar su relación con ella: del consumo pasivo a la producción activa. El discurso tiene coherencia interna. La pregunta que los contribuyentes capitalinos tienen derecho a hacerse es otra.

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El giro semántico es hábil: tomar el vocabulario de la cultura gamer —«farmear aura»— para envolver una inauguración gubernamental es, ante todo, una operación de imagen. Brugada sabe que la juventud no se moviliza con el lenguaje de los programas sociales de los años noventa, y el reencuadre tecnológico le da al proyecto un barniz de modernidad que resulta políticamente rentable.

Pero el fondo del asunto no cambia con la jerga. La Ciudad de México enfrenta un déficit documentado: según una fuente citada en el mismo medio, la capital pierde hasta mil 600 millones de pesos al año por falta de cobro de derechos. En ese contexto, cada nuevo recinto estatal —por más laboratorio de robótica que tenga— es dinero de los contribuyentes asignado por decisión burocrática, sin que medie competencia, evaluación de impacto ni rendición de cuentas pública sobre los resultados de las Utopías ya existentes. La libre empresa y la iniciativa privada pueden construir espacios creativos para jóvenes sin necesidad de que el aparato estatal dicte qué se aprende, cómo se aprende y dónde. Que el gobierno capitalino prefiera expandir su red de recintos propios antes de resolver sus brechas fiscales básicas dice más sobre sus prioridades que cualquier discurso sobre videojuegos y robots.

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