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Iglesias, cajas de compensación y tabletas: el plan para que 400.000 estudiantes no pierdan el año

El gobierno de De la Espriella activó un esquema de emergencia educativa tras el terremoto del 10 de agosto. La ministra Morales presentó cuatro fases que van desde la virtualidad satelital hasta aulas en carpas.
Foto: elcolombiano.com
viernes 21 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: colegios con grietas, algunos bajo amenaza de demolición, y más de 400.000 estudiantes sin aula fija. Esa es la herencia inmediata del terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, y el gobierno de Abelardo de la Espriella ya tiene sobre la mesa un plan para que ninguno de esos niños pierda el semestre escolar.

La ministra de Educación, Viviane Morales, fue quien presentó la estrategia ante medios nacionales. El esquema se articula en cuatro fases: respuesta inmediata, acogida y estabilización, continuidad educativa y recuperación. Cada fase responde a un grado distinto de daño en la infraestructura escolar.

Virtualidad con matices

La primera línea de acción es la educación virtual. Para las zonas rurales, el Ministerio buscará conectividad satelital y distribuirá tabletas a través del programa Colombia Aprende. La medida se complementará con subsidios para planes de datos móviles.

Sin embargo, Morales fue explícita en una advertencia que distingue este momento de la pandemia del covid-19: esta vez los adultos del hogar deben salir a trabajar, de modo que los menores no contarán con supervisión permanente en casa. La virtualidad, en ese contexto, no puede ser la única respuesta.

Escuelas itinerantes: el aula va donde el niño está

La segunda metodología son las llamadas escuelas itinerantes: encuentros presenciales en espacios seguros habilitados de forma temporal. Salones comunales, bibliotecas públicas, iglesias y cajas de compensación se convertirán en puntos de encuentro semanal entre estudiantes y docentes.

Para sostener esa red, el Ministerio redirigirá 6.000 tutores propios hacia los puntos críticos. Es un despliegue logístico considerable que pone a prueba la capacidad operativa del aparato estatal en condiciones de emergencia.

Carpas, contrajornadas y alternancia

El plan también contempla tres escenarios según el nivel de daño estructural de cada plantel. En los colegios con daños críticos o bajo amenaza de demolición se instalarán aulas temporales y carpas de emergencia. En los que registran afectaciones moderadas se implementarán contrajornadas, reubicación flexible de docentes, apoyo socioemocional y priorización de aprendizajes esenciales. Y en los municipios declarados en emergencia cuyos colegios no sufrieron daños estructurales se aplicarán planes de alternancia y flexibilización curricular ajustados a cada comunidad.

La meta declarada es que los más de 400.000 estudiantes afectados no pierdan el semestre escolar.

Un dato que suma al cuadro

En paralelo a la respuesta oficial, la artista Shakira llegó a Chocó y anunció una donación de 1,25 millones de dólares para reconstruir escuelas y una universidad afectadas por el terremoto, según informó El Colombiano. La cifra, aunque no proviene del presupuesto público, ilustra la magnitud del daño en infraestructura educativa y la necesidad de sumar fuentes de financiamiento más allá del Estado.

Lo que está en juego

Para entender el presente hay que volver a esa semana del 10 de agosto: un sismo que no solo derrumbó muros sino que interrumpió el calendario escolar de cientos de miles de familias colombianas. La respuesta del gobierno De la Espriella apuesta por la creatividad institucional —iglesias, cajas de compensación, tutores itinerantes— antes que por la espera pasiva a que se reconstruyan los edificios.

El principio que subyace al plan es correcto: la continuidad educativa no puede quedar rehén de la lentitud de la obra pública. Que el sector privado y la sociedad civil —desde las cajas de compensación hasta una donante particular como Shakira— formen parte de la solución no es un signo de debilidad estatal; es, en rigor, la única forma realista de responder a una emergencia de esta escala en el tiempo que los niños necesitan. El desafío ahora es la ejecución: 6.000 tutores redirigidos, tabletas distribuidas y carpas instaladas son compromisos que deberán medirse en semanas, no en meses.

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