La escena lo dice todo: a mediados de agosto de 2026, cuando el invierno austral ya pesa sobre los Andes, un nuevo sistema atmosférico se posiciona sobre el océano Pacífico al norte de Chile y amenaza con sacudir el territorio peruano de sur a norte.
El Senamhi confirmó la presencia de la DANA Aníbal —una masa de aire frío en niveles altos de la atmósfera— y advirtió que sus efectos comenzarían a sentirse desde la noche del domingo 16 de agosto de 2026. La mayor intensidad del fenómeno se esperaba entre el lunes 17 y el martes 18 de ese mismo mes.
La sierra centro y sur concentra la mayor parte de la preocupación. David Pareja, director de la Escuela Profesional de Geofísica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, explicó que las consecuencias variarán según la altitud y la ubicación geográfica. En zonas situadas por encima de los 4.000 metros, el pronóstico incluye nieve y otras precipitaciones sólidas. En sectores de menor altura, el escenario apunta a granizo y tormentas eléctricas.
«Hay que diferenciar lo que va a suceder en la región costera y en la región de nuestro ande», precisó Pareja al detallar el comportamiento esperado del sistema.
El especialista también advirtió sobre un incremento en la velocidad del viento a lo largo de la región andina. Entre los puntos de mayor riesgo identificó las vías terrestres ubicadas por encima de los 4.000 metros: una precipitación intensa de granizo podría afectar el tránsito en sectores como Ticlio, según su análisis.
Para la costa central y sur, el panorama es distinto pero no menor. Pareja señaló que Lima podría registrar mayor humedad, nubosidad y lluvias intermitentes, aunque aclaró que el impacto en la capital dependerá de la evolución del fenómeno. «Ya pasando a la costa, vamos a tener mayor humedad, nubosidad y una alta ocurrencia de probabilidad de lluvias intermitentes tanto en la costa central y sur del territorio peruano», detalló.
El norte del país, en cambio, no recibiría el impacto previsto para las zonas centro y sur, de acuerdo con la información proporcionada por los especialistas.
Fernando Mestanza, ingeniero meteorólogo de la Facultad de Ciencias Físicas y especialista con posgrado en Geofísica por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, puso el foco en las consecuencias agrícolas y biológicas. «Las precipitaciones sólidas son muy adversas a la realidad, traen como consecuencia el granizo, que es muy letal porque va a malograr cualquier cultivo, va a quedar defectuoso por el peso, altera su forma, su estructura», sostuvo.
Mestanza también advirtió sobre posibles efectos en animales y vegetales expuestos a temperaturas muy bajas: el enfriamiento puede producir estrés hídrico por exceso de frío y alterar procesos celulares en las plantas. Para las personas, el descenso térmico generaría condiciones de mayor frío, con vientos fuertes y cobertura nubosa durante buena parte del día en Lima, y una sensación térmica más fría en la capital.
El Senamhi anunció que continuará el seguimiento de las condiciones atmosféricas vinculadas con la DANA Aníbal y recomendó consultar sus canales oficiales para acceder a información actualizada.
Los detalles cuentan la historia. Lo que la DANA Aníbal pone sobre la mesa no es solo un episodio meteorológico: es un recordatorio de la vulnerabilidad estructural de las comunidades andinas y de los agricultores de altura, quienes enfrentan cada temporada la amenaza del granizo sin redes de protección suficientes. El daño a los cultivos que describe Mestanza no es abstracto; es pérdida de ingreso para familias que dependen de la tierra y que difícilmente acceden a seguros agrícolas o mecanismos de compensación estatales ágiles. La libre empresa y la inversión privada en infraestructura de alerta temprana y en seguros de cosecha podrían marcar una diferencia real donde el aparato burocrático llega tarde o no llega. Mientras el Senamhi emite sus boletines, la pregunta que queda en el aire es cuánto del daño previsible podría haberse evitado con mejores incentivos para la gestión privada del riesgo climático.



