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La gerente de Bogotá

El presidente De la Espriella designó a Clara Lucía Sandoval Moreno como enlace permanente entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Galán, con el Metro, la PTAR Canoas y la infraestructura vial en su escritorio. La oposición ve una mano política donde el Ejecutivo dice ver coordinación.
Foto: elcolombiano.com
miércoles 26 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Una concejal del Partido Liberal, pastora cristiana desde los 24 años y veterana de tres periodos en el cabildo capitalino, deja su curul para convertirse en el puente más visible entre el Gobierno Nacional y la ciudad más grande del país. El presidente Abelardo de la Espriella designó a Clara Lucía Sandoval Moreno como «gerente para Bogotá», una figura de nueva creación cuya misión oficial es articular a la Nación con la administración del alcalde Carlos Fernando Galán en proyectos considerados estratégicos para la capital.

Los detalles cuentan la historia. Sandoval llega al cargo con más de 15 años de trayectoria política y administrativa. Es profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos de la Universidad Militar Nueva Granada y especialista en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de la Universidad Externado de Colombia. Su carrera arrancó a finales de los años 90, cuando buscó una curul en la Junta Administradora Local de Puente Aranda con el entonces Partido Nacional Cristiano sin lograrlo. Llegó al Concejo de Bogotá por primera vez en 2008, fue reelegida en 2011 y regresó al cabildo para el periodo 2024-2027, participando en las comisiones de Gobierno y Hacienda y en la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer.

Su paso por la administración distrital ya tiene un antecedente concreto. Durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, en 2016, asumió la dirección del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, convirtiéndose en la primera directora de esa entidad, cuya creación estuvo ligada a iniciativas que ella misma había promovido desde el Concejo.

El vínculo con De la Espriella tampoco es nuevo. Durante la campaña presidencial de 2026, Sandoval expresó públicamente su respaldo al entonces candidato y a su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo. Esa cercanía se materializó ahora en un nombramiento que la traslada del legislativo distrital al Ejecutivo nacional.

Sobre su escritorio caerán algunos de los proyectos de infraestructura más costosos y complejos del país: la Primera Línea del Metro de Bogotá, la segunda línea hacia Suba y Engativá, la factibilidad de una tercera línea, la financiación del sistema de transporte, la PTAR Canoas, la descontaminación del río Bogotá, infraestructura vial, vivienda y seguridad. El alcalde Galán señaló que la gerente deberá ayudar a agilizar compromisos pendientes de la Nación con Bogotá, y puso como ejemplo recursos de vigencias futuras de TransMilenio que, según afirmó, estaban pendientes de entrega.

La propia Sandoval ha insistido en que su función no será reemplazar al alcalde ni intervenir en la autonomía del Distrito, sino actuar como puente y hacer seguimiento a los proyectos en los que la Nación tenga responsabilidades.

La oposición no comparte esa lectura. Sectores críticos cuestionan que el Gobierno nacional intervenga en asuntos de competencia distrital y califican la nueva figura como una respuesta política a la gestión de Galán. Según esa lectura, aunque las funciones oficiales apuntan a coordinación y articulación, en la práctica la gerente podría operar como una figura de supervisión sobre la administración distrital. Varios sectores señalan además que la presencia de Sandoval en proyectos de alto impacto podría tener efectos en el escenario electoral de 2027, cuando se elegirán alcaldes y gobernadores.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La figura del «gerente para Bogotá» no tiene precedente formal en la arquitectura institucional colombiana, y su alcance real dependerá menos del decreto que la crea que de la voluntad política de las partes. Desde la línea editorial de Hemisferio, el nombramiento merece una lectura doble. Por un lado, la lógica de fondo es sana: Bogotá concentra proyectos de infraestructura cuya parálisis tiene un costo directo para los contribuyentes y para la competitividad del país; si la figura sirve para destrabar el Metro o acelerar la PTAR Canoas, el resultado justifica el mecanismo. Por otro, el riesgo es real. Una figura sin mandato legal preciso, nacida de la confianza política y no de una reforma institucional, puede convertirse exactamente en lo que la oposición teme: un instrumento del aparato estatal central para incidir en la autonomía de un gobierno distrital que no es del mismo color. La prueba de fuego de Sandoval no será su perfil ni su trayectoria, sino si los proyectos avanzan o si el cargo termina siendo, como tantas otras creaciones del Estado, una capa burocrática más.

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