Para entender el presente hay que volver a esa semana. El jueves, Donald Trump apareció en el programa de radio de Michael Cohen en la emisora 77 WABC-AM de Nueva York, en lo que fue el primer intercambio público entre ambos hombres en ocho años. El programa completo se emitirá el domingo.
La escena lo dice todo. Dos hombres que se lanzaron «misiles verbales» durante años —palabras del propio Cohen— compartieron micrófono y eligieron el lenguaje de la reconciliación. «Tú y yo hemos recorrido un camino bastante accidentado juntos», dijo Cohen a Trump durante la transmisión. Trump respondió con algo que pocos esperaban: simpatía.
«Te usaron como arma como nadie ha sido usado jamás», le dijo el presidente a su ex abogado. «Respeto el hecho de que hayas retractado todo lo que dijiste. Eso es algo grande. Algo muy grande».
Los detalles cuentan la historia. Cohen trabajó como abogado personal de Trump desde mediados de los años 2000. La ruptura llegó en 2018, cuando Cohen se declaró culpable de delitos federales que incluían violaciones a las leyes de financiamiento de campañas. Según su propio testimonio, realizó pagos a dos mujeres por instrucción de Trump para evitar que hablaran públicamente sobre presuntos affaires con el entonces candidato presidencial. Cumplió una condena de tres años.
Lo que vino después fue una guerra pública de proporciones considerables. En 2019, ante el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes, Cohen describió a Trump como «un racista, un estafador, un tramposo» y afirmó que Trump le había pedido amenazar a individuos o entidades en más de 500 ocasiones a lo largo de su relación profesional. En 2020 publicó Disloyal, un libro de 432 páginas en el que escribió haber sido testigo del «hombre real» de Trump en reuniones de negocios turbias y momentos sin guardia. Y en 2024 fue el testigo principal de la fiscalía en el juicio penal por falsificación de registros comerciales relacionados con los pagos a Stormy Daniels. «Lo que hacía, lo hacía por instrucción y en beneficio del señor Trump», declaró desde el estrado.
Ese mismo juicio terminó con la condena de Trump en 34 cargos por delito grave.
Ahora Cohen dice que se perdonaron. Apareció en CNN antes de la emisión del programa y le explicó a Jake Tapper la lógica de lo ocurrido: «¿Cómo es posible, después de todo lo que sucedió, que los dos podamos volver a sentarnos?». Su respuesta fue una sola palabra: «Nos perdonamos».
Sobre el estado actual de su relación con el presidente, Cohen usó una imagen médica: «Está siendo reanimada».
También fue preguntado sobre un eventual indulto. Cohen respondió que no le ha pedido uno a Trump, aunque aclaró que sí presentó una solicitud de indulto ante el presidente Joe Biden, la cual modificó después de que Trump regresara al poder. «Tomé esa misma solicitud con la misma documentación y simplemente reescribí la carta de presentación, eliminando el nombre del presidente Joe Biden e insertando el nombre del presidente Donald Trump», explicó.
En su Substack, Cohen apeló al libro de Colosenses 3:13 —«Perdona como el Señor te perdonó»— como «fundamento» de lo ocurrido. «El perdón no requiere amnesia», escribió. «Requiere el coraje de dejar de permitir que el ayer dicte el mañana».
La conversación también abarcó temas como Irán, la economía y los demócratas, según la información disponible del programa.
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Lo que esta escena revela va más allá de dos hombres que se reconcilian. Durante años, Cohen fue la pieza central de una narrativa construida por fiscales, legisladores demócratas y medios afines al progresismo institucional: la del testigo que conocía los secretos del presidente y estaba dispuesto a contarlos todos. Esa narrativa produjo un juicio, una condena y una cobertura mediática sostenida durante meses.
Hoy, el propio Cohen habla de «retractación» y de perdón. La pregunta que queda en el aire —y que ninguna fuente responde todavía con precisión— es cuánto de lo que dijo bajo juramento permanece en pie y cuánto forma parte del camino accidentado que ambos dicen haber dejado atrás. Para los contribuyentes que financiaron años de investigaciones y procesos judiciales federales, la respuesta no es menor.


