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La tijera de Apple: más de 200 empleos caen mientras la empresa apuesta todo a la IA

La compañía desmantela equipos de Siri y Vision Pro en una reestructuración que refleja el costo real de apostar tarde —y caro— por la inteligencia artificial.
Foto: elfinanciero.com.mx
lunes 24 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un jueves de agosto, mientras los mercados procesaban otra semana de volatilidad tecnológica, Apple notificó en silencio a más de 200 empleados que sus puestos desaparecerían. Sin conferencia de prensa, sin transmisión en vivo: solo un comunicado corporativo y la promesa de «apoyarlos durante su transición».

Los afectados pertenecen a tres frentes. Alrededor de 100 puestos se eliminan dentro de la organización de Vision Pro; otros 100 corresponden a los equipos de Siri y del área conocida como Intelligent Systems Experience, una unidad de ingeniería de software responsable de funciones de IA en los dispositivos de la compañía. El número total supera las 200 personas, según fuentes citadas por Bloomberg.

El peso muerto del Vision Pro

Para entender el presente hay que volver a febrero de 2024, cuando Apple lanzó el Vision Pro con el aura de producto revolucionario. El dispositivo prometía redefinir la computación espacial; los videos inmersivos en 3D eran su carta de presentación más vistosa. El problema: producir cada episodio de una serie inmersiva puede costar varios millones de dólares, según las mismas fuentes. Y el universo de usuarios activos dispuestos a pagar 3.699 dólares por unos auriculares voluminosos resultó ser considerablemente más pequeño de lo que la trastienda de Cupertino había calculado.

El resultado es predecible desde la lógica del mercado: Apple está desmantelando en gran medida el equipo de Vision Pro dedicado a videojuegos y reduciendo la unidad de video inmersivo. La compañía planea producir internamente una menor cantidad de videos y, en su lugar, incentivar a empresas externas a desarrollar contenido para el dispositivo. Es decir: trasladar el riesgo creativo —y el gasto— hacia afuera.

Apple aclaró a sus empleados que Vision Pro y su sistema operativo visionOS no desaparecerán. A corto plazo, sin embargo, el foco está en lanzar gafas inteligentes que no admitirían video inmersivo ni videojuegos avanzados. Un nuevo modelo de Vision Pro podría llegar tan pronto como a finales de 2028, según Bloomberg News.

Siri necesita otra arquitectura —y otros ingenieros

Los detalles cuentan la historia. La reorganización de Siri no es un recorte ordinario: está ligada al desarrollo de una versión nueva del asistente construida sobre una arquitectura técnica distinta. Ese cambio de base requiere un perfil de conocimientos diferente al que tienen muchos de los ingenieros actuales. Apple lo dice sin rodeos en su comunicado: «crearemos nuevos puestos como parte de este cambio».

El mismo razonamiento aplica al equipo de Intelligent Systems Experience. A medida que más divisiones internas incorporan capacidades de IA a aplicaciones y servicios, Apple está reagrupando recursos para acelerar ese desarrollo. El resultado neto es una sustitución de talento, no solo una reducción de plantilla.

La compañía no ofreció cifras sobre cuántos puestos nuevos creará ni en qué plazo.

El giro que nadie quiso anunciar

Apple llegó tarde a la carrera de la IA generativa. Mientras OpenAI, Google y Microsoft reorientaban sus organizaciones —y sus presupuestos— hacia modelos de lenguaje, Cupertino defendía la privacidad diferencial y la computación en el dispositivo como ventajas competitivas. Esa postura tuvo un costo: Siri quedó rezagada frente a asistentes más capaces, y la promesa de «Apple Intelligence» no terminó de convencer al mercado.

La reestructuración de esta semana es, en ese sentido, una admisión implícita. La empresa más valiosa del mundo está pagando ahora, en empleos y en millones de dólares de contenido inmersivo sin retorno, el precio de una apuesta que no salió como se esperaba.

Desde la perspectiva de Hemisferio, el episodio ilustra una verdad incómoda para cualquier corporación que opera bajo la lógica del libre mercado: la innovación real exige disciplina de capital, no solo ambición de producto. Apple asignó recursos masivos a un hardware de nicho —3.699 dólares por unidad, producción de video a varios millones por episodio— sin que la demanda justificara esa escala. El mercado cobró la factura. La reestructuración, aunque dolorosa para los 200 empleados afectados, es exactamente el mecanismo correcto: reasignar capital humano hacia donde la empresa puede competir y ganar. La pregunta que queda abierta es si Apple llegará a tiempo al nuevo Siri, o si volverá a pagar matrícula en la próxima curva.

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