AHORA
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Américas

La universidad que se becó a sí misma

Mientras el gobierno que terminó desmantelaba subsidios y debilitaba el Icetex, Eafit estructuró el sistema de becas propias más grande del país en una universidad y trazó su hoja de ruta hacia 2035.
Foto: elcolombiano.com
domingo 23 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Cada semestre, entre 1.500 y 1.700 jóvenes con talento se postulan a un programa de becas que no depende del Estado. Lo hacen en una universidad privada de Medellín que, tras cuatro procesos de acreditación consecutivos, acaba de recibir la máxima calificación posible del sistema colombiano: diez años de acreditación de alta calidad. Un logro que, según su rectora Claudia Restrepo, solo comparten nueve universidades en todo el país.

Eafit se incorporó voluntariamente al sistema de acreditación en 2003, cuando el entonces rector Juan Felipe Gaviria tomó esa decisión. Desde entonces, la institución ha mantenido de manera coherente esa ruta a través de distintas rectorías. Restrepo, ratificada en el cargo hasta 2030, lo describe como una trayectoria consistente, no como un mérito puntual.

El reconocimiento llega en un momento de turbulencia para la educación superior colombiana. El gobierno que terminó finalizó los subsidios a la demanda que beneficiaban a los estudiantes y debilitó programas como «Ser Pilo Paga» y «Generación E», al tiempo que el Icetex perdió fuerza. Así lo describe Restrepo en entrevista con El Colombiano, sin eufemismos. La respuesta de Eafit fue estructurar un sistema propio: cerca de 300 becas por semestre, con coberturas de entre el 40% y el 100% de la matrícula según las necesidades de cada estudiante. Hoy, el 30% de los estudiantes de pregrado cuenta con algún tipo de beca, un indicador que, según Restrepo, no existía en esa proporción cinco o seis años atrás.

Para sostener ese esfuerzo, la universidad también impulsó la creación del Fondo Futuro junto a otras instituciones de la región, concebido como una alternativa de financiamiento local ante el debilitamiento del Icetex en Antioquia. El modelo combina becas propias, una red de fundaciones y filántropos, y ese fondo regional. La meta declarada es avanzar hacia un modelo de «admisión ciega» en el que la calidad y el talento sean los únicos requisitos de acceso, sin importar las condiciones económicas del aspirante.

La hoja de ruta hacia 2035, denominada «Itinerario», contempla cinco frentes. El primero y más visible es la creación de la Escuela de Ciencias de la Vida y del Cuidado, que iniciará con el programa de Medicina. El proyecto se encuentra en las etapas finales de evaluación ante el Ministerio y la universidad espera ofrecerlo a partir del próximo año. Será la sexta escuela de Eafit.

El segundo frente es el relanzamiento de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, que sumará programas como Ingeniería Industrial y de Construcción y proyecta nuevas opciones como Ingeniería de Sostenibilidad e Ingeniería Química. El tercero apunta al aprendizaje a lo largo de toda la vida, articulando desde la universidad de los niños hasta iniciativas de actualización rápida para profesionales. El cuarto es el modelo de admisión ciega ya mencionado.

El quinto frente es de infraestructura: un gran centro de conexiones en la zona norte del campus, proyectado a tres años, que funcionará como puerta de entrada a un distrito de innovación en el sur del Valle de Aburrá. Ese distrito de ciencia, tecnología e innovación es, quizás, la apuesta más ambiciosa del plan: convertir el entorno del campus en un laboratorio vivo capaz de albergar eventos globales de emprendimiento y tecnología.

En propiedad intelectual, Restrepo subraya que Eafit ya es la universidad privada del país con mayor número de patentes per cápita, e impulsa fondos específicos de CTI y el fondo de ideación «You Venture».

Los detalles cuentan la historia. Lo que Eafit está construyendo no es solo un plan académico: es un modelo de respuesta institucional ante la retirada del Estado. Cuando los subsidios públicos se evaporaron, la universidad no esperó una nueva política gubernamental; estructuró su propio sistema, buscó aliados privados y diseñó mecanismos de financiamiento regional. Es, en esencia, la demostración de que la libre empresa y la filantropía pueden llenar vacíos que la burocracia deja al retirarse.

El principio en juego es simple: las instituciones que no dependen del ciclo político para financiar su misión son las que sobreviven a los ciclos políticos. Eafit lleva cuatro acreditaciones consecutivas para probarlo.

Más de Américas