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Mil cohetes al año: Trump ordena la edad de oro del espacio

Un memorando presidencial fija la meta de más de mil lanzamientos anuales hacia la Luna y Marte para 2030, en medio de la carrera directa contra China por la supremacía espacial.
Foto: eluniversal.com.mx
viernes 21 de agosto de 2026

El documento llegó sin fanfarria, pero su alcance es difícil de exagerar. El jueves, la Casa Blanca publicó un memorando presidencial sobre seguridad nacional en el que Donald Trump ordena que las zonas de transporte espacial de Estados Unidos alcancen «más de mil lanzamientos y regresos a la atmósfera por año» antes de 2030.

La cifra es una declaración de guerra industrial tanto como una política pública. En 2025, los lanzamientos en órbita desde territorio estadounidense fueron menos de 200, y la mayor parte los realizó SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk. Pasar de 200 a 1.000 en cinco años no es una proyección gradual: es un salto de orden de magnitud.

El memorando instruye a la NASA a «facilitar el transporte comercial» a la Luna y a Marte, y declara que el objetivo central de la política es «reactivar el liderazgo de Estados Unidos en el transporte espacial». El lenguaje no es el de una agencia burocrática administrando presupuestos; es el de una potencia que siente el aliento de un rival en la nuca.

Ese rival es China. Washington y Pekín compiten por lograr que sus astronautas alunicen antes de 2030, más de cincuenta años después de la primera caminata humana sobre la superficie lunar. La carrera no es solo de prestigio: quien establezca infraestructura permanente en la Luna fija las reglas de acceso a recursos, rutas y posiciones estratégicas en el espacio cislunar durante décadas.

La NASA ya trabaja en esa dirección. La agencia planea utilizar vehículos robóticos para construir infraestructura en la superficie lunar que los futuros exploradores humanos puedan aprovechar. La base lunar no es ciencia ficción en los documentos de planificación; es un proyecto con cronograma, aunque el cronograma depende de que los lanzamientos se multipliquen a una velocidad sin precedentes.

Los detalles cuentan la historia. El memorando no habla de lanzamientos gubernamentales: habla de «transporte comercial». La arquitectura que Trump propone no es la del programa Apolo, financiado íntegramente por el Estado y ejecutado por contratistas bajo control federal. Es un modelo en el que la iniciativa privada lleva la carga operativa y el gobierno establece el marco, los incentivos y la demanda. SpaceX ya demostró que ese modelo puede funcionar a escala; la pregunta es si el ecosistema de empresas espaciales estadounidenses puede crecer lo suficientemente rápido para cubrir la diferencia entre 200 y 1.000 lanzamientos anuales.

Ningún otro país está cerca de esa capacidad hoy. Lo que Trump está apostando es que la combinación de desregulación, demanda gubernamental garantizada y capital privado puede producir en cinco años lo que la industria aeroespacial tardó décadas en construir.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El memorando no apareció en el vacío: llega en un momento en que la administración Trump ha señalado repetidamente que la competencia con China es el eje organizador de su política exterior, económica y tecnológica. El espacio es ahora uno de esos frentes, y la Casa Blanca ha decidido que la respuesta no es más burocracia sino más mercado.

Desde la línea editorial de Hemisferio, la apuesta merece ser leída en sus términos reales. Un programa espacial impulsado por la libre empresa, con la NASA en rol de facilitador en lugar de monopolio operativo, es exactamente el modelo que ha producido los avances más rápidos y los costos más bajos de la historia reciente del sector. El riesgo no está en el modelo: está en si la ambición del memorando sobrevivirá los ciclos presupuestarios del Congreso y los cambios de administración. Las metas de 2030 son de Trump; los cohetes que las cumplan o no las cumplan serán de empresas privadas que apuestan capital propio. Esa asimetría, en este caso, es una ventaja, no una debilidad.

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