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Noventa años de sindicalismo venezolano bajo un régimen que los deshizo

En 2026 se cumplen nueve décadas de las primeras huelgas petroleras y de la fundación de la CVT. Froilán Barrios Nieves advierte que el chavismo desmanteló en nombre de una «revolución ficticia» todas las conquistas laborales acumuladas en ese siglo.
Imagen generada con IA
miércoles 19 de agosto de 2026

Para entender el presente hay que volver a esa semana de diciembre de 1936. Los campos petroleros del Zulia y Falcón estaban paralizados. Los hijos de los trabajadores en huelga habían sido trasladados a Caracas para su protección. Y en medio de las celebraciones de fin de año, el 26 de diciembre, nacía la primera central obrera de Venezuela: la Confederación Venezolana del Trabajo (CVT).

Ese momento fundacional cumple en 2026 noventa años. La fecha la rescata Froilán Barrios Nieves, dirigente sindical venezolano, en un texto publicado por La Patilla que recorre la cronología del movimiento obrero nacional desde sus orígenes hasta el presente.

El año que lo cambió todo

Todo arrancó a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, en diciembre de 1935. El vacío de poder abrió, por primera vez, un ensayo de democracia. En ese contexto, según Barrios Nieves, los sindicatos brotaron «como hongos» a lo largo de 1936: el SOEP-Cabimas en febrero, el STP de Lagunillas el 4 de marzo, el STP de Maracaibo, el SOEP Mene Grande y el STP de San Lorenzo, entre otros.

El andamiaje jurídico llegó el 16 de julio de 1936 con la Ley del Trabajo, diseñada por un joven Rafael Caldera y promulgada durante el gobierno de Eleazar López Contreras. Barrios Nieves la describe como «la base del derecho laboral moderno en Venezuela».

La norma fue puesta a prueba de inmediato. En diciembre de ese mismo año, los sindicatos recién legalizados presentaron un pliego de 13 peticiones a las transnacionales petroleras. Las exigencias centrales incluían un salario mínimo de 10 bolívares diarios, el reconocimiento formal de los sindicatos por parte de las empresas, suministro de agua potable en los campamentos, viviendas higiénicas, eliminación de la discriminación entre personal venezolano y extranjero, y medidas básicas de seguridad laboral.

Fue, según el texto, «la primera gran huelga organizada en la historia de Venezuela y el primer enfrentamiento masivo de la clase obrera contra las corporaciones transnacionales».

La CVT y su disolución

La central obrera fundada el 26 de diciembre de 1936 tuvo vida corta en su primera etapa: el general López Contreras la disolvió por decreto en enero de 1937. Sin embargo, la semilla no murió. En su II Congreso de 1947, la organización pasó a llamarse Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), nombre con el que se convirtió en el referente histórico del sindicalismo nacional.

Otro hito que Barrios Nieves destaca en este año de aniversarios: el 14 de junio de 1946 se firmó el primer contrato colectivo de la industria petrolera venezolana, «pacto histórico» que en 2026 cumple 80 años. Ese acuerdo tripartito —trabajadores, empresas y Estado— fue el fruto directo de las movilizaciones iniciadas una década antes.

El desmantelamiento del siglo XXI

La segunda mitad del texto de Barrios Nieves abandona la historia y apunta al presente. Su diagnóstico es directo: el régimen venezolano ha «desmantelado en nombre de una revolución ficticia todas y cada una de las conquistas de los trabajadores venezolanos a lo largo de 90 años». Llama a superar «divergencias y diatribas de caudillos» para reconstruir un sindicalismo «independiente, libre y democrático», desvinculado del control estatal, de los partidos políticos y de los empleadores.

«Rescatar a los sindicatos y centrales de las garras del control estatal impuesto durante este siglo XXI», escribe, «es una tarea histórica en memoria de los hombres y mujeres quienes derramaron sangre, sudor y lágrimas a lo largo de un siglo de luchas laborales».

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Los detalles cuentan la historia. Noventa años de sindicalismo venezolano no son solo una efeméride: son el espejo en el que se refleja lo que el aparato estatal chavista fue capaz de destruir. Las conquistas que costaron huelgas, exilios y decretos de disolución —el salario mínimo, el contrato colectivo, la central obrera autónoma— fueron edificadas por trabajadores que negociaban frente a transnacionales privadas y gobiernos militares. Que un régimen que se proclamó «de los trabajadores» haya sido el que las deshizo es la ironía más costosa de la historia laboral venezolana.

La reconstrucción que reclama Barrios Nieves exige, antes que nada, lo que el chavismo sistemáticamente suprimió: sindicatos libres del Estado, con patrimonio propio, con voto secreto y sin tutela burocrática. Sin esa autonomía, cualquier aniversario es solo nostalgia.

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