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Panamá apuesta por la ciencia como infraestructura de Estado

El canciller Martínez-Acha presentó ante la SENACYT un plan para convertir el conocimiento en motor productivo y reducir la dependencia histórica de la geografía. La propuesta incluye financiamiento predecible, retorno de científicos y grandes proyectos nacionales en inteligencia artificial, agua y logística.
Foto: infobae.com
martes 25 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un canciller ante una secretaría de ciencia, hablando no de diplomacia sino de patentes, laboratorios y doctores. El mensaje de Javier Martínez-Acha Vásquez ante la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) de Panamá fue, en el fondo, una declaración de insuficiencia: la geografía que hizo grande al país no alcanza para el siglo que viene.

«Nuestra posición geográfica constituye una ventaja extraordinaria, pero la geografía que recibimos no puede ser el límite de lo que aspiramos a producir», afirmó el canciller según el comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. La frase resume el giro estratégico que la administración del presidente José Raúl Mulino busca institucionalizar: dejar de administrar ventajas heredadas y comenzar a construir las condiciones para competir en la economía del conocimiento.

Del canal a la patente

Durante más de un siglo, Panamá ha organizado su modelo productivo en torno a su posición en el mapa. El Canal, los puertos, la zona franca, el hub financiero: todos son derivados de la misma coordenada geográfica. La propuesta presentada ante la SENACYT no niega ese activo; lo declara insuficiente.

Martínez-Acha sostuvo que la ciencia, la tecnología y la innovación deben recibir el mismo tratamiento presupuestario y político que las obras físicas. «Un investigador es infraestructura. Un laboratorio es infraestructura. Una patente es infraestructura», dijo. La equiparación no es retórica: implica que el gasto en investigación debería tener financiamiento predecible, no depender del ciclo político ni de la discrecionalidad presupuestaria de cada administración.

El eje concreto de la propuesta es el Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCYT) 2025-2029, que establece prioridades en salud, digitalización, alimentación, medioambiente, transformación productiva y desarrollo institucional. Sobre ese marco, el canciller propuso avanzar hacia un Pacto Nacional por la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, articulado en cuatro pilares: financiamiento predecible para la investigación, formación y retorno de científicos panameños, mayor conexión entre investigación, empresa y mercado, y ejecución de grandes proyectos nacionales en inteligencia artificial, gestión del agua, océanos, logística y biodiversidad.

Los números detrás del discurso

Los detalles cuentan la historia. El comunicado oficial señaló la asignación de 167 nuevas becas en julio de 2026 y la ejecución simultánea de 65 proyectos de investigación y desarrollo por parte de 29 instituciones científicas nacionales. Son cifras modestas para una economía que aspira a exportar conocimiento, pero el canciller las presentó como evidencia de una tendencia en construcción, no como un logro consumado.

Martínez-Acha insistió en que la inversión en becas e investigación no debe contabilizarse como gasto público ordinario, sino como apuesta productiva de largo plazo. «Las becas no financian solamente estudiantes. Financian posibilidades nacionales», expresó. La distinción importa: en el debate fiscal, la diferencia entre «gasto» e «inversión» determina qué sobrevive a los ajustes presupuestarios.

El comunicado también incluyó datos sobre el sistema bancario panameño, que cerró el primer semestre con depósitos por más de 121.800 millones de dólares y una mejora en los indicadores de morosidad, aunque la fuente no especificó el año de referencia. El dato apareció en el mismo despacho oficial, lo que sugiere que el gobierno busca enmarcar la apuesta científica dentro de una narrativa de solidez financiera: hay músculo para invertir.

La visión del presidente Mulino, según el canciller, apunta a que Panamá deje de enfocarse únicamente en administrar sus ventajas heredadas. El cierre del discurso ante la SENACYT lo condensó en una imagen: «Si el Canal unió mares para transformar al mundo, que SENACYT una mentes para transformar a Panamá».

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La propuesta del gobierno Mulino tiene la virtud de hablar el idioma correcto: conectar laboratorio con empresa, tesis con patente, patente con mercado. Esa cadena —conocimiento al empleo, talento a riqueza— es exactamente el modelo que distingue a las economías que escalan de las que se estancan en la renta de posición. Panamá tiene la infraestructura financiera y logística para ser un hub de innovación regional; lo que ha faltado es la decisión política de tratar la ciencia con la misma seriedad que se trata un puerto.

El riesgo, como siempre, está en la trastienda: un pacto nacional sin mecanismo de financiamiento vinculante es una declaración de intenciones. La prueba real no será el PENCYT 2025-2029 sobre el papel, sino cuántos de esos 65 proyectos de investigación terminan en una empresa, cuántas de esas 167 becas regresan al país y cuántas patentes panameñas llegan al mercado antes de que cambie el gobierno. Libre empresa y ciencia no son adversarios; son socios naturales cuando el Estado crea las condiciones y luego se hace a un lado.

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