La escena lo dice todo. A pocos meses de asumir el cargo, el ministro de Exteriores de Chile, Pérez Mackenna, aterriza este martes en China en lo que será su primera visita oficial al gigante asiático desde que tomó posesión en marzo pasado. La gira se extenderá hasta el sábado y continuará luego en Vietnam y Japón.
El anfitrión no es un funcionario menor. Según confirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, la visita se produce «en respuesta a la invitación del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China» y del propio canciller Wang Yi, quien recibirá personalmente a Pérez Mackenna. El Buró Político —el núcleo de poder del régimen— no suele extender ese tipo de invitaciones sin calcular el retorno estratégico.
Desde Santiago, el Ministerio de Exteriores chileno describió el objetivo en términos más comerciales: «profundizar la cooperación bilateral» y abrir oportunidades que «atraigan inversiones y generen trabajo en Chile». La agenda declarada incluye también intercambio de opiniones sobre «cuestiones de carácter y relevancia internacionales y regionales de interés común», según precisó Lin Jian en rueda de prensa.
La secuencia de destinos —China, Vietnam, Japón— traza un arco por el Indo-Pacífico que refleja la apuesta chilena por diversificar sus vínculos en Asia. Japón y Vietnam representan, cada uno a su manera, contrapesos naturales a la gravitación de Pekín en la región. Que el viaje comience precisamente en China, sin embargo, marca el orden de prioridades.
El diario estatal chino Global Times fue uno de los primeros en recoger la noticia, detalle que en la trastienda diplomática tiene su propio peso: Pekín quiso que la visita tuviera cobertura desde su propio aparato mediático antes de que despegara el avión.
Para entender el presente hay que volver a ese marzo. Pérez Mackenna llegó a Exteriores en un momento en que Chile busca sostener su posición exportadora —el cobre sigue siendo el ancla— en un entorno global de creciente fragmentación comercial. La relación con China es, en ese contexto, estructural: Pekín es el principal destino de las exportaciones chilenas. Cualquier canciller, independientemente de su signo político, termina haciendo ese vuelo.
Los detalles cuentan la historia. La invitación formal del Buró Político eleva el rango protocolar del encuentro por encima de una visita técnica ordinaria. Wang Yi, que acumula un perfil cada vez más activo en la diplomacia del Sur Global, convierte la reunión en un mensaje hacia la región: China sigue construyendo relaciones bilaterales sólidas con América Latina, una pieza a la vez.
Desde la perspectiva de libre mercado que orienta a este medio, la pregunta relevante no es si Chile debe relacionarse con China —el comercio es un hecho y los tratados vigentes lo respaldan— sino en qué términos negocia esa relación. Atraer inversión genuina, con reglas claras y reciprocidad, es distinto a profundizar dependencias que luego resultan costosas de revertir. Chile tiene la ventaja de contar con instituciones relativamente sólidas y un historial de apertura comercial; usarlas como palanca negociadora, en lugar de llegar a Pekín con la mano extendida, marcaría la diferencia entre una gira productiva y una foto de protocolo.
El desenlace de la visita —qué acuerdos se firman, qué condiciones llevan letra pequeña— dirá más sobre la política exterior chilena que cualquier comunicado. Por ahora, el avión ya despegó.



