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Rockatón: el rock paisa vuelve a mover toneladas de solidaridad

Más de 70 bandas se reúnen en Medellín este fin de semana para llenar cuatro camiones de ayuda destinados a los damnificados del terremoto en Colombia, sin intermediarios ni dinero de por medio.
Foto: elcolombiano.com
sábado 22 de agosto de 2026

Para entender el presente hay que volver a esa semana de 1999.

Era enero, el terremoto había arrasado el Eje Cafetero y los rockeros de Medellín decidieron que la respuesta no podía esperar. En el Velódromo, sin mucha infraestructura pero con los camiones de Coordinadora, el espacio del gobierno local y veinte bandas en escena, miles de jóvenes hicieron fila hasta cinco cuadras para entrar. Polvo de Indio, Emma Hoo, Ekhymosis, La Pestilencia: «unos muchachitos que todavía no llegaban a los 30 años», recuerda hoy Román González, uno de los organizadores de aquella primera edición.

Veintiséis años después, la escena se repite. Este sábado 22 y domingo 23 de agosto, el Teatro al Aire Libre Carlos Vieco será el escenario de la segunda Rockatón, convocada esta vez por el reciente terremoto que golpeó diferentes zonas de Colombia. Más de 70 bandas confirmaron su participación: Alcolirykoz, Bajo Tierra, Bengala, I.R.A, XMOSIS, Parlantes, Polvo de Indio, La Pestilencia, Herpes, La 45, La Toma, Masacre, entre muchas otras. Varias de ellas estuvieron también en la edición de 1999.

«Yo recuerdo ver todos esos artistas jovencitos... y verlos ahora, después de 27 años, ya todos señores, con el mismo activismo y la misma energía, ha sido muy bacano», dice González.

La logística es sencilla y deliberada. Las puertas abren a las 9:00 a.m. y la primera banda sube al escenario a las 10:00 a.m. Cada agrupación toca tres canciones y cede el turno. La meta es concreta: llenar cuatro camiones de ocho toneladas cada uno, que Coordinadora puso a disposición del evento para trasladar la ayuda directamente a las zonas más afectadas.

Y aquí está el detalle que define el espíritu del evento: la Rockatón no recauda dinero. Solo ayuda material, y no cualquier cosa. Los organizadores mantienen contacto permanente con voluntarios y organizaciones en las zonas afectadas para saber qué hace falta con exactitud. La lista es precisa: alimentos no perecederos como arroz, lentejas, frijol, garbanzos, pasta, aceite, atún y otros enlatados, harina, avena, leche en polvo, panela, chocolate, agua potable y alimento para mascotas. También productos de aseo e higiene —jabones, champú, cremas, cepillos de dientes, papel y toallas higiénicas, pañales para bebés y adultos— y artículos de primera necesidad como colchonetas nuevas, mantas, sábanas, hamacas y ollas.

«Estamos tratando de hacer todo de forma independiente para poder llegar directamente y sin intermediarios a las comunidades. Es un reto tenaz, pero no queremos simplemente recoger y enviar. Estamos comprometidos hasta el final», afirma González.

Los organizadores ya contemplan una tercera edición antes de que termine el año, conscientes de que las comunidades afectadas necesitarán apoyo durante mucho tiempo. Quienes quieran seguir el evento pueden buscar @rockaton2026 en Instagram.

Los detalles cuentan la historia. Lo que la Rockatón demuestra, edición tras edición, es que la solidaridad más eficiente no siempre pasa por el aparato estatal ni por grandes estructuras burocráticas. Coordinadora puso los camiones; los artistas, la música; el público, la ayuda. Sin formularios, sin intermediarios, sin dilaciones. Es la libre empresa y la sociedad civil actuando en conjunto, con una cadena de valor tan clara que cabe en una lista de víveres.

En un país donde la respuesta institucional ante desastres suele llegar tarde y filtrada por capas de gestión, el modelo de la Rockatón —transparente, directo, medible en toneladas— es también un argumento. Uno que se repite cada vez que el rock paisa decide que ya es hora de hacer algo.

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