Para entender el presente hay que volver a esa semana. El 6 de agosto, Mario Zapata y Brenda Flores viajaron a Colombia de vacaciones. Se desplazaron por sus propios medios al departamento de Risaralda. El lunes 10, a las 7:05 hora local, enviaron un mensaje rutinario a sus familias. Casi media hora después, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió la región.
Desde entonces, nadie ha vuelto a saber de ellos.
Los familiares confirmaron, a través de imágenes difundidas en redes sociales, que la pareja se hospedaba en el hotel Dibeni, una de las estructuras del centro de Pereira afectadas por el sismo. Esa fue, en la práctica, la única certeza que obtuvieron en los primeros tres días: no llegó de los canales diplomáticos, sino de desconocidos que transmitían en directo desde los escombros.
«Realmente la mayor cantidad de noticias que hemos obtenido ha sido por redes sociales, de gente que está ahí en el sitio que nos va informando si encontraron vida o si están en espera de algún equipo de rescate», explicó a EFE Mario, hijo de Zapata.
El caso fue reportado ante la Embajada de México en Colombia. Los familiares aseguran que la información recibida por los canales diplomáticos ha sido insuficiente. Más de tres días sin paradero conocido, y la principal fuente de actualización seguía siendo un teléfono pegado a una pantalla viendo transmisiones en vivo.
«Vimos un 'live' de personas que se acercan al hotel y vimos que ya estaban varios equipos tratando de rescatarlos lo más pronto posible», relató el joven.
La decisión fue tomarse el asunto en las propias manos. Una hija de Mario Zapata y una hermana de Brenda Flores viajarán este sábado a Colombia y prevén llegar a Pereira el domingo. El objetivo es directo: no depender de la embajada ni de las transmisiones en vivo, sino tener a alguien de la familia en el lugar.
«La idea principal es no estar dependiendo de la embajada ni de las transmisiones en vivo, es tener a alguien de nuestra familia que nos dé información directa y más rápido estando ahí en el lugar», enfatizó el hijo de Zapata.
La situación golpea con particular dureza a los hijos de Brenda Flores. «Estoy devastado, tengo 18 años y mis hermanos son menores», dijo a EFE José Leonel Rivas Flores, quien aseguró que no recibió ayuda para tramitar su pasaporte y poder sumarse al viaje.
A la ausencia de información consular se suma otra decisión que los familiares no pudieron influir. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum informó que la brigada de rescatistas Topos Tlatelolco no se desplazó a la zona afectada porque, según sus palabras, «su despliegue no fue aprobado por el Gobierno de Colombia». Los Topos tienen un historial reconocido en rescates internacionales; en esta ocasión, permanecieron en tierra.
El balance oficial colombiano, revelado este viernes, contabiliza 285 personas fallecidas, 3.975 heridas y 379 desaparecidas desde el terremoto del 10 de agosto.
Los detalles cuentan la historia. Dos familias mexicanas llevan más de tres días siguiendo el rescate de sus seres queridos a través de la pantalla de un teléfono, rastreando transmisiones en vivo de desconocidos, porque el aparato consular no les ha dado lo que necesitaban: información oportuna y directa. Que sean los propios familiares quienes deban comprar un boleto de avión y presentarse en los escombros para saber qué ocurre con sus parientes es, en sí mismo, un retrato del Estado mexicano en acción: presente en los discursos, ausente en la emergencia. El dinero de los contribuyentes financia una red diplomática que, en el momento que más importa, deja a sus ciudadanos buscando respuestas en redes sociales. La libre empresa y la iniciativa individual —en este caso, la de una hija y una hermana que simplemente deciden ir— terminan haciendo el trabajo que el aparato estatal no hizo.



