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SLB entra a los yacimientos venezolanos

La empresa estadounidense firmó con Pdvsa un contrato para digitalizar y modernizar bases de datos petroleras consideradas obsoletas tras años de abandono y un ataque de ransomware. Los detalles del pago —incluida la posibilidad de cobrar en crudo— siguen sin definirse.
Foto: elnacional.com
miércoles 26 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: trabajadores de Petróleos de Venezuela comunicándose por Telegram, instalaciones operando sin conexión a ningún sistema central, y copias en papel como último respaldo de décadas de historia geológica. En ese contexto, SLB y Pdvsa firmaron la semana pasada un contrato que otorga a la compañía estadounidense acceso a los datos de los yacimientos petroleros venezolanos, según informó Reuters citando a tres fuentes cercanas a las negociaciones.

El acuerdo contempla servicios que van desde la caracterización de yacimientos hasta información sobre producción de crudo en tiempo real. Las fuentes señalaron que SLB podrá incorporar nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, para ampliar, modernizar y recuperar la fiabilidad de esos datos. «El objetivo del acuerdo es ayudar a Pdvsa y al Ministerio de Petróleo a digitalizar y consolidar todos los datos de la industria petrolera», declaró una de las fuentes a Reuters.

La magnitud del deterioro es difícil de exagerar. Venezuela no publica estadísticas petroleras de manera rutinaria desde hace más de una década. El último boletín anual del Ministerio de Petróleo corresponde a 2015; mensualmente solo se reportan a la OPEP datos limitados sobre producción. Esa opacidad ha frenado la atracción de inversiones y dificultado el seguimiento de actividades esenciales: extracción, refinado y exportaciones.

Los problemas se agravaron tras un ataque de ransomware que paralizó aplicaciones críticas de Pdvsa, desde el correo electrónico hasta un programa clave para la administración de contratos. Según las fuentes, algunos datos deberán reconstruirse a partir de copias en papel porque los servidores sufrieron daños severos. Pdvsa ha logrado recuperar algunas de sus principales aplicaciones en los últimos meses, pero aún necesita migrar sus sistemas a nuevos proveedores, en especial las bases de datos geológicas y de producción.

La arquitectura financiera del contrato es, por ahora, una incógnita. Ni SLB ni Pdvsa han difundido el alcance completo del acuerdo, y se desconocen su duración y el mecanismo de pago. Durante las negociaciones se discutió la posibilidad de efectuar pagos en especie, incluido petróleo crudo, dado que Estados Unidos controla los ingresos procedentes de las exportaciones petroleras venezolanas, lo que complica las transferencias de dinero convencionales.

Lo que sí quedó claro es el modelo operativo: una empresa interesada en obtener información sobre un yacimiento específico podría acceder a esos datos desde la nube, una vez que el proceso de digitalización esté completado.

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El contrato entre SLB y Pdvsa es, ante todo, un diagnóstico involuntario del colapso institucional venezolano. Que la principal empresa petrolera de un país con las mayores reservas probadas del mundo deba reconstruir su historia geológica desde papel impreso no es un accidente técnico: es el resultado acumulado de años de gestión estatal que subordinó la industria a la política. La entrada de una empresa privada con tecnología de punta para rescatar lo que el aparato estatal destruyó ilustra, con precisión quirúrgica, qué produce cada modelo.

El mecanismo de pago en crudo, si se confirma, añade otra capa de complejidad: SLB cobraría con el único activo que Venezuela todavía puede ofrecer, en un esquema que recuerda más al trueque que a una transacción de libre mercado. Para los inversores que observan desde afuera, la pregunta no es si los datos de Pdvsa valen algo —claramente sí— sino si el entorno jurídico y operativo que rodea ese activo ofrece garantías suficientes. Por ahora, la respuesta sigue siendo la misma que hace una década: incierta.

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