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Túnel Lo Ruiz: US$450 millones bajo el cerro

El proyecto de infraestructura más ambicioso del norte de Santiago lleva un 20% de avance y promete cortar 20 minutos del trayecto diario de miles de familias. La obra, financiada por concesión, apunta a la productividad tanto como al asfalto.
Foto: latercera.com
miércoles 19 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un biministro con casco, 550 metros de túnel excavados bajo el Cerro Lo Ruiz y una cifra que resume la apuesta: US$450 millones para desatar uno de los nudos de tráfico más crónicos de Santiago.

Este miércoles, el biministro de Obras Públicas y Transportes, Louis de Grange, realizó una visita inspectiva a las obras del Túnel Lo Ruiz y confirmó que la construcción alcanza ya un 20% de avance. El dato es relevante porque el proyecto lleva apenas un año en ejecución.

El problema que busca resolver

El Nudo Quilicura es, desde hace décadas, uno de los cuellos de botella más costosos de la capital chilena. Por allí convergen flujos de vehículos privados, transporte público y carga pesada que conectan el sector norte de Santiago con el resto de la ciudad. La congestión no es solo una molestia: es tiempo productivo perdido, combustible quemado y cadenas logísticas tensadas.

La solución diseñada contempla dos túneles unidireccionales —sentido oriente y sentido poniente— de 1,47 kilómetros cada uno, excavados bajo el cerro. En total, cerca de tres kilómetros de infraestructura subterránea con velocidad de diseño de 80 km/h y conexiones directas a las autopistas General Velásquez y Vespucio Sur. Los estándares de seguridad y tecnología, según las autoridades, están entre los más altos del sistema concesionado chileno.

Cuando las obras estén completas, se espera una reducción del 25% en la congestión del nudo y un ahorro de hasta 20 minutos en los tiempos de viaje. Para decenas de miles de familias que cruzan esa zona cada día, esos minutos se acumulan en horas semanales.

Los números y el calendario

A la fecha se han excavado 550 metros de túneles. El biministro De Grange proyectó que las obras estarán disponibles para los usuarios «a fines del año 2028, mediados del año 2029». La obra está operada por VíasChile, cuyo director general, Andrés Barberis, subrayó que alcanzar el 20% de ejecución en el primer año de construcción «refleja el importante trabajo desarrollado» y que el avance se ajusta a los hitos contemplados en el cronograma.

El proyecto no se limita al asfalto y el hormigón. Incluye más de 10 mil hectáreas de áreas verdes, tres nuevos parques comunitarios y una ciclovía de tres kilómetros. La infraestructura dura convive, en el diseño, con espacio público para el entorno de Renca y Quilicura.

El alcalde de Renca, Claudio Castro, estuvo presente en la visita inspectiva junto a otras autoridades locales.

Lo que dice De Grange

El biministro enmarcó la obra en una categoría que suele perderse en el debate político cotidiano: «Estos proyectos que son proyectos de estado trascienden gobiernos», afirmó, y añadió que su impacto va más allá de la calidad de vida individual para alcanzar «la productividad y el desarrollo de nuestras ciudades».

Es una lectura correcta. La infraestructura de transporte no es gasto social ni subsidio: es capital físico que multiplica la capacidad productiva de una economía urbana. Cada minuto ahorrado en el trayecto de un trabajador, cada camión que llega a tiempo, cada ruta logística que se vuelve predecible, se traduce en valor real.

La lectura de Hemisferio

El modelo concesionado —inversión privada, riesgo compartido, operación bajo contrato— es precisamente el mecanismo que permite ejecutar proyectos de esta escala sin cargar el presupuesto fiscal de un solo gobierno ni someterlos a los vaivenes del ciclo político. El Túnel Lo Ruiz es un argumento en acero y concreto a favor de la asociación público-privada bien estructurada: el Estado define la necesidad y el marco; la empresa pone el capital y la ejecución; el usuario gana tiempo y movilidad.

Lo que queda pendiente —y la historia de la infraestructura latinoamericana lo repite con demasiada frecuencia— es que el calendario se cumpla. El 2028-2029 es una promesa razonable si el 20% de avance en el primer año se sostiene. Los detalles cuentan la historia, y en este caso los detalles se miden en metros excavados por mes.

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