La escena lo dice todo: un bebé de un año, con múltiples heridas de bala, siendo cargado a bordo de un helicóptero UH-60 Ángel en medio de la noche cerrada del Pacífico colombiano. El destino era Carepa, Antioquia. El origen, la comunidad indígena Emberá Dobidá de Buenavista, en el municipio de Juradó, Chocó.
La evacuación fue ejecutada por la Fuerza Aeroespacial Colombiana, que articuló la misión con el Centro Nacional de Recuperación de Personal (CENRP). Las condiciones de baja visibilidad obligaron al uso de visores nocturnos. Según la Fuerza Aeroespacial, la pericia de la tripulación permitió completar el vuelo manteniendo los estándares de seguridad requeridos para este tipo de operaciones.
Durante el trayecto, el menor estuvo acompañado por su madre y recibió asistencia permanente del personal médico a bordo, encargado de monitorear su estado y mantenerlo estable. Una vez en Carepa, el bebé recibió la atención médica requerida. Al cierre de esta edición, presentaba una evolución favorable y continuaba su proceso de recuperación.
Las circunstancias en que el niño sufrió las heridas de arma de fuego permanecen bajo investigación por parte de las autoridades competentes. La Comisaría de Familia y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) asumieron el acompañamiento y la protección del menor.
Juradó es uno de los municipios más aislados del país, enclavado en la frontera con Panamá, en una región donde la presencia del Estado ha sido históricamente intermitente y donde distintos grupos armados disputan el control territorial. La comunidad Emberá Dobidá de Buenavista forma parte de un tejido de poblaciones indígenas que habitan esas selvas y que, con frecuencia, quedan atrapadas entre fuegos que no son los suyos.
Los detalles cuentan la historia. No se sabe aún quién disparó ni en qué contexto. Las autoridades no han señalado responsables. Lo que sí consta es que un niño que apenas camina llegó a un hospital con múltiples impactos de bala, y que solo la capacidad técnica de la Fuerza Aeroespacial —operando de noche, con visores, sobre selva— evitó que la historia terminara de otra manera.
Para Hemisferio, el episodio condensa una realidad que el gobierno de Petro no ha logrado revertir: el Chocó sigue siendo uno de los territorios más violentos y abandonados de Colombia, donde la población civil —y en este caso la más vulnerable de todas— paga el precio de la ausencia del Estado y de la impunidad con que operan los actores armados. La «paz total» como marco de política no ha traducido en seguridad concreta para comunidades como Buenavista. Mientras el debate político se libra en Bogotá, en Juradó un bebé de un año fue cosido a balazos en circunstancias que nadie, todavía, ha explicado.



