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El ingeniero que ya no solo programa

La transformación digital amplió el campo de la Ingeniería en Informática hasta volverla transversal a casi todas las industrias. El perfil cambió; la demanda, también.
Foto: latercera.com
lunes 24 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: un egresado de informática negocia hoy contratos con la banca, gestiona datos en una consultora o dirige su propia empresa de servicios tecnológicos. Hace una década, ese mismo título lo habría llevado casi con certeza a una sala de servidores o a escribir código en silencio. El giro es real y está documentado.

La transformación digital modificó la forma en que las empresas y organizaciones desarrollan sus procesos, gestionan información y entregan servicios. En ese nuevo escenario, la carrera de Ingeniería en Informática dejó de estar vinculada únicamente a la programación y comenzó a ocupar un lugar transversal dentro de distintas industrias. Así lo describe Carolina Soto, directora de la Escuela de Informática y Telecomunicaciones de Iplacex.

«Un Ingeniero en Informática está principalmente preparado para el desarrollo y gestión de todo tipo de proyectos tecnológicos en diferentes plataformas y tecnologías», explica Soto. Uno de los focos centrales del perfil, según la especialista, está en el diseño de soluciones multiplataforma y en la capacidad de trabajar con tecnologías que evolucionan constantemente.

Eso significa que la formación ya no se limita al dominio de determinados lenguajes de programación. Requiere comprender cómo funcionan las distintas tecnologías, cómo se integran entre sí y de qué manera pueden utilizarse para resolver necesidades concretas de una organización. El profesional puede involucrarse tanto en el desarrollo de soluciones como en su planificación y gestión.

Un campo que se expande

La banca, las empresas tecnológicas, las consultoras y los servicios públicos son algunos de los espacios donde pueden desempeñarse estos profesionales. También existen alternativas vinculadas al trabajo independiente y al emprendimiento. «Tenemos muchos alumnos y exalumnos que tienen sus propias empresas, donde prestan servicios y trabajan de forma independiente», señala Soto.

Para la directora, esta diversidad responde a una realidad concreta: prácticamente todas las organizaciones dependen hoy de algún tipo de infraestructura, desarrollo o servicio tecnológico. «Estas carreras son completamente transversales, no hay organización que no tenga un área de tecnología, de desarrollo o que trabaje con empresas asociadas. Entonces, la verdad es que el campo laboral es multisectorial», agrega.

Además del desarrollo de software, la formación puede abordar bases de datos, distintas plataformas, metodologías ágiles, gestión de proyectos y Big Data. En el caso de Iplacex, la propuesta busca que los estudiantes conozcan diferentes tecnologías y puedan complementar sus conocimientos con certificaciones de la industria. «Hemos trabajado para que los estudiantes conozcan de diferentes tecnologías y también puedan tener certificaciones de la industria para validar este conocimiento», indica Soto.

El desafío de lo práctico en entornos virtuales

La modalidad online plantea una pregunta habitual: cómo desarrollar habilidades prácticas cuando la formación no es presencial. En Iplacex, según Soto, el proceso se apoya en convenios con empresas como Oracle, que entrega su plataforma Oracle Academy con simuladores disponibles para los estudiantes. «Todo el proceso formativo del estudiante va acompañado de simuladores, emuladores, que nos permiten que este conocimiento práctico muy presente en la carrera lo puedan ir haciendo en un ambiente online», explica.

Más que especializarse exclusivamente en una tecnología determinada, el desafío consiste en desarrollar una base que permita comprender nuevas herramientas y adaptarse a los cambios de la industria. Los detalles cuentan la historia: no se trata de aprender un lenguaje, sino de aprender a aprender tecnología.

Lo que está en juego

Para Hemisferio, el fenómeno tiene una lectura clara. Cuando el mercado amplía la demanda de un perfil profesional, la respuesta correcta no viene del aparato estatal ni de la burocracia educativa centralizada: viene de instituciones que ajustan su oferta con agilidad, establecen alianzas con la industria y habilitan modalidades flexibles que permiten a las personas formarse sin abandonar su vida productiva.

La Ingeniería en Informática es hoy uno de los pocos campos donde el libre mercado de talento funciona con relativa fluidez: quien adquiere competencias reales, certifica su conocimiento y entiende las necesidades del cliente tiene un campo laboral multisectorial abierto. Esa es la promesa del perfil que describe Soto, y es también el tipo de movilidad que una economía orientada a la libre empresa debería proteger y ampliar.

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