La escena se repitió durante tres décadas: un aula, una docente que hablaba con la convicción de quien descubrió algo que valía la pena transmitir, y alumnos que después se convertirían en los referentes de una especialidad casi desconocida en el país. Laura Legal murió el 8 de agosto a los 84 años, y con ella se fue la figura que más hizo por instalar la osteopatía como disciplina académica en Argentina.
Legal era doctora en kinesiología y fisiatría por la Universidad de Buenos Aires. Desde esa base construyó una trayectoria que cruzó la práctica clínica, la docencia universitaria y la investigación. Fue profesora titular de Técnicas Kinésicas III en la carrera de Kinesiología y Fisiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA, institución que también la designó profesora consulta.
Pero el capítulo central de su historia fue la fundación, hace 30 años, de la Escuela Osteopática de Buenos Aires (EOBA). La institución, afiliada a la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA para la enseñanza de posgrado, se convirtió bajo su dirección en el principal centro de formación de la especialidad en el país. Legal la dirigió desde su origen hasta el final.
La EOBA también impulsó la Revista de Investigación Osteopática, publicación con revisión de pares cuyo comité editorial integró docentes y especialistas de universidades argentinas y del exterior. Un detalle que cuenta la historia: Legal no se conformó con enseñar en el aula; quiso que la disciplina tuviera respaldo científico documentado.
La osteopatía considera no solo la estructura anatómica del cuerpo sino también su funcionalidad, y busca mediante técnicas manuales restablecer el equilibrio para aliviar la causa de un padecimiento. Cuando Legal comenzó a difundirla, era una subespecialidad prácticamente ignorada en Argentina. Hoy existen distintas escuelas y una comunidad de profesionales formados en la disciplina. La Asociación Argentina de Kinesiología (AAK) fue directa al evaluarlo: Legal «marcó un antes y un después para la formación de especialistas».
Gran parte de los profesionales que actualmente ejercen la osteopatía y son docentes de la especialidad, no solo en Argentina sino también en la región, se formaron en sus clases y cursos de perfeccionamiento. El dato no es menor: su influencia no se quedó dentro de las fronteras.
Las despedidas llegaron de todos los rincones del gremio. «Se fue una grande. Queda su legado, su enseñanza y el recuerdo de una mujer que hizo historia en nuestra profesión», escribió la AAK. El Colegio de Kinesiólogos de la provincia de Buenos Aires (Cokiba) la definió como alguien que «deja una huella imborrable tanto en sus alumnos como en sus pacientes».
Desde Montevideo, Osvaldo Patiño, codirector de la carrera de Fisioterapia Traumatológica de la Universidad Católica de Uruguay e integrante del comité editorial de la Revista de Investigación Osteopática, describió a Legal como alguien con «condiciones poco comunes en estos tiempos» y una «entusiasta formadora». «Ha dejado una impronta muy significativa, especialmente para las nuevas generaciones y un espejo para mirarnos», agregó.
La AAK resumió el método con una frase que sus alumnos probablemente reconocerán: «Enseñaba con pasión y con la convicción de que el conocimiento debía compartirse».
Lo que la historia de Laura Legal ilustra es algo que el mundo académico suele olvidar: las disciplinas no se instalan solas. Alguien tiene que apostar por ellas cuando nadie las conoce, construir la institución, sostener la revista, formar a los que después formarán a otros. Legal hizo todo eso durante 30 años, sin que mediara un aparato estatal que le garantizara el resultado. La EOBA fue una apuesta de libre iniciativa profesional en un campo donde el Estado tardó en llegar.
Ese modelo —vocación, rigor académico y construcción institucional desde abajo— es precisamente el que produce legados duraderos. Los alumnos que hoy enseñan en Buenos Aires, Montevideo y otras ciudades de la región son la mejor evidencia de que funcionó.



