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El mar más caliente de la historia

Los océanos alcanzaron una temperatura media de 21,1 °C, superando ligeramente los 21,09 °C registrados a comienzos de 2024. Los científicos advierten que El Niño aún no llegó a su pico.
Foto: lanacion.com.ar
martes 25 de agosto de 2026

Los detalles cuentan la historia.

En los últimos días, la temperatura promedio de la superficie de los mares del mundo alcanzó los 21,1 °C, una cifra que supera los 21,09 °C registrados en los primeros meses de 2024 y se encuentra muy por encima del promedio para esta época del año. El dato proviene del sistema de medición que combina boyas, barcos y satélites para obtener una estimación a nivel global, tomando como referencia las temperaturas a diez metros por debajo de la superficie del agua.

La doctora Samantha Burgess, subdirectora de Copernicus, fue directa al interpretar la cifra: «El Niño está aportando calor al sistema, pero lo hace sumándose a décadas de calentamiento provocado por el ser humano». Y añadió: «Este récord es otra señal clara de que el océano está sometido a un estrés cada vez más grande».

El fenómeno de El Niño genera aguas inusualmente cálidas en la superficie del océano Pacífico tropical oriental y central. Esas temperaturas elevadas en áreas tan extensas empujan hacia arriba el promedio global. Lo que inquieta a los especialistas no es solo la magnitud del registro, sino el momento en que se produce: El Niño todavía no llegó a su punto más alto.

«El hecho de que ya estemos rompiendo récords es un indicador temprano de cuán fuerte se está volviendo El Niño», señaló el doctor Jeremy Grist, investigador principal del Centro Nacional de Oceanografía en Southampton, Reino Unido. Su proyección es precisa y preocupante: «Si todo sigue igual, podríamos esperar que el récord de temperatura oceánica se rompa nuevamente en marzo o abril de 2027».

Los científicos subrayan que los océanos del mundo absorben más del 90% del calor atrapado por las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente por la quema de combustibles fósiles. En ese sentido, la temperatura oceánica funciona, según los especialistas, como un termómetro del cambio climático de largo plazo: acumula décadas de señal antes de que la atmósfera la exprese con claridad.

Las consecuencias documentadas del calentamiento marino incluyen el avance de fenómenos meteorológicos extremos, el aumento del nivel del mar y el impacto sobre la vida marina.

Para entender el presente hay que volver a esa semana.

El nuevo récord llega en un momento en que el debate sobre política energética y regulación climática está lejos de resolverse. Lo que los datos de Copernicus ponen sobre la mesa es una ecuación de costos que los gobiernos no pueden diferir indefinidamente: los efectos del calentamiento oceánico —tormentas más intensas, costas más vulnerables, cadenas alimentarias marinas bajo presión— se traducen en gasto público, pérdidas de infraestructura y presión sobre los contribuyentes. La pregunta que la ciencia no responde, pero que la política no puede eludir, es quién paga la factura y bajo qué reglas. Desde la perspectiva del libre mercado, la respuesta más eficiente pasa por incentivos claros, precios que reflejen costos reales y menos burocracia que distorsione las decisiones de inversión energética. Lo que no ayuda es ignorar el dato.

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