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La batalla por el relato

El gobierno de Milei enfrenta su prueba más difícil antes de 2027: convencer a los argentinos de que el ajuste valió la pena antes de que el kirchnerismo instale la narrativa de la crisis.
Foto: lanacion.com.ar
martes 18 de agosto de 2026

A las pocas horas del discurso de Milei en el homenaje a San Martín, el número dos del Ministerio de Economía, José Luis Daza, ya estaba en X respondiendo columnas y defendiendo el plan. La escena lo dice todo.

La disputa no es solo económica. Es, ante todo, cultural: ¿cómo interpreta la ciudadanía argentina su propia situación material cuando el calendario electoral de 2027 ya empieza a pesar sobre cada decisión política? Esa es la pregunta que estructura, en este momento, la contienda entre el oficialismo libertario y la oposición kirchnerista.

Para el gobierno, no hay crisis económica. Para el kirchnerismo, la hay. Y entre esos dos polos, millones de familias hacen sus propios cálculos con el bolsillo como única vara.

El argumento del equipo económico

Daza no se guardó nada. En respuesta a una columna de Eduardo Van der Kooy en Clarín que cuestionaba pronósticos del ministro Luis Caputo y planteaba problemas de gobernabilidad hacia 2027, el funcionario fue directo: «Nadie en el planeta anticipó que un recorte del gasto público de 30 por ciento real en un mes no generaría una gran depresión». Y remató: «Este es uno de los hechos más importantes de la economía mundial en 50 años».

Caputo, por su parte, optó por la ironía. Dos registros distintos, un mismo mensaje: el plan funcionó donde nadie esperaba que funcionara.

El propio Daza había reconocido, en una entrevista radial veinte días antes, que la mejora en los hogares todavía no se siente con contundencia. «Ese proceso ya está en marcha, ya están los brotes verdes y somos conscientes de que tenemos que mejorar las condiciones de la gente. Para eso es todo el esfuerzo», dijo entonces.

Esa tensión —logros macroeconómicos reconocibles frente a una micro que todavía no convence— es el nudo político del momento.

El discurso sanmartiniano como mapa político

Milei eligió el homenaje a San Martín para trazar su estrategia de cara al ciclo electoral. Lo hizo con un lenguaje alusivo pero de sentido claro. «Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor», afirmó. Un reconocimiento elíptico, pero reconocimiento al fin, del desafío que enfrenta.

Sobre los enemigos internos fue igualmente indirecto: «La libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden». El kirchnerismo no fue mencionado por su nombre, pero el destinatario era evidente para cualquier oyente.

El presidente también anunció una estrategia de comunicación explícita, de corte que él mismo calificó como cardosiano —en referencia al expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso y su idea de que «gobernar es explicar, explicar, explicar»—: «Debemos dar la batalla cultural para explicar, una y otra vez, cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes».

Dos ejes, entonces: hablarle directo a las preocupaciones materiales de las familias, y sostener una pedagogía permanente sobre el modelo.

El kirchnerismo y los morosos

Del otro lado, la oposición dura ya encontró su sujeto político: los morosos. Quienes no pueden pagar sus deudas se han convertido, en el lenguaje kirchnerista, en el símbolo de los costos del «modelo de crueldad económica» que atribuyen al mileísmo. Es una narrativa con potencial electoral real: apunta a quienes votaron a Milei en 2023 esperando alivio en el bolsillo y todavía no lo sienten.

La política no kirchnerista y economistas no alineados con el gobierno reconocen el logro del fin del gasto público irracional y el control de la inflación. Pero también señalan efectos «heterogéneos» del plan, tanto entre aliados macristas como entre el votante que le dio el triunfo a Milei hace menos de tres años.

Lo que está en juego

Hay una lección que recorre la historia política argentina reciente, de Menem a Macri y de ahí a Milei: la súper micro —el bolsillo, la economía hogareña— es la gran garante de cualquier proyecto de transformación económica. El llamado «voto heladera» no es un cliché; es la variable que, en última instancia, decide si un cambio de régimen económico sobrevive o se revierte en las urnas.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el diagnóstico es claro: el ajuste fiscal argentino es, en términos objetivos, uno de los experimentos de estabilización más audaces de las últimas décadas. Que un recorte de esa magnitud no haya producido una depresión es un dato que merece ser leído con seriedad, no descartado con ironía. El kirchnerismo no ofrece un modelo alternativo; ofrece un relato sobre el sufrimiento presente, que es políticamente poderoso precisamente porque apunta a lo que todavía falta.

La pregunta de 2027 no es si el modelo de libre mercado es correcto en sus fundamentos —para este medio, lo es—. La pregunta es si llegará a tiempo a los hogares para que la ciudadanía lo ratifique en las urnas antes de que el aparato kirchnerista logre instalar, como verdad inapelable, que la libertad económica solo produce costos.

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