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La carrera por el envejecimiento saludable

XPrize Healthspan, una competencia de 101 millones de dólares, seleccionó los diez mejores proyectos del mundo para extender la vida humana con salud. La ciencia privada toma la delantera donde los gobiernos no llegan.
Imagen generada con IA
sábado 22 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Cuando el panel de 15 jueces se reunió a principios del verano para elegir los diez equipos finalistas, Jamie Justice tuvo que salir de la sala. «No podía estar en el cuarto porque mi cara lo muestra todo», admite la directora ejecutiva de XPrize Healthspan. Después de años supervisando la competencia, Justice conocía a cada equipo y cada propuesta. Su entusiasmo era imposible de disimular.

El concurso, lanzado en 2023, recibió casi 200 solicitudes de grupos de todo el mundo. El objetivo no es solo prolongar la vida, sino mejorar la calidad de esa vida adicional. El premio total asciende a 101 millones de dólares, distribuidos en etapas a lo largo de siete años. El 11 de agosto se anunciaron los diez proyectos seleccionados para continuar.

Los finalistas provienen de dos países asiáticos y de Estados Unidos: dos equipos de Japón, uno de Corea del Sur, uno de China y seis de Estados Unidos. Las propuestas son tan variadas como el propio campo de la longevidad: dos grupos estudian medicamentos ya existentes que podrían reorientarse para extender la vida; el equipo coreano investiga un fármaco de longevidad completamente nuevo; cuatro proyectos trabajan con suplementos; y cinco apuestan por compuestos biológicos, entre ellos vesículas extracelulares, péptidos y anticuerpos.

Para participar, todos los equipos debían demostrar resultados preliminares en estudios humanos en tres áreas críticas: función muscular, función cerebral y función inmunológica. Los jueces evaluaron cada proyecto con las mismas métricas, definidas por comités de expertos de XPrize. Esa estandarización es, precisamente, lo que distingue a la competencia del ruido habitual del mercado de la longevidad.

«Esto es donde más me emociono, cuando las cosas se ponen realmente sucias y feas», dice Justice, quien investigó geroscience en Wake Forest University antes de unirse a XPrize. «Tienes biohackers vendiéndote esto, y tienes al tipo que quiere que consumas tanta proteína que vas a morir. Lo que necesitamos es un filtro donde todos sean evaluados con el mismo estándar.»

La apuesta japonesa: exosomas de plantas

Entre los proyectos más llamativos figura el de Time Traveler Corp., una startup biotecnológica fundada en 2024 por Rieko Akiyama, quien buscó trasladar la investigación de su padre en biología tumoral y cáncer en la Universidad de Tokio al campo de la longevidad. Tomoatsu Hayashi, profesor asistente en esa misma universidad y co-CEO de la empresa, comenzó estudiando células humanas para producir vesículas extracelulares a escala.

Las versiones más pequeñas de estas vesículas, llamadas exosomas, ya son un ingrediente popular en productos de belleza antienvejecimiento en Japón y Asia. Sin embargo, su efecto real sobre la longevidad no había sido estudiado con rigor científico.

Akiyama aportó la idea central del proyecto. Durante la pandemia de COVID, creció el interés por reemplazar materiales de origen animal en la ciencia —altamente regulados— por fuentes vegetales. «Me pregunté si los exosomas humanos también podrían ser reemplazados por exosomas de plantas, que podrían ofrecer ventajas en términos de seguridad, escalabilidad y consideraciones éticas», explica Akiyama a través de un traductor digital. «Llevé esta idea a mi padre y le pregunté si los exosomas vegetales podrían convertirse en un nuevo enfoque para promover la longevidad saludable. Esa conversación fue el punto de partida de nuestro negocio de exosomas vegetales.»

Hayashi y su equipo comenzaron con plantas comestibles y algas, asumiendo que tendrían el perfil de seguridad más sólido para uso humano eventual. Analizaron más de 140 especies, incluyendo el 95% de las que crecen en Japón. Primero en ratones y luego en células humanas, demostraron que los exosomas vegetales funcionan de manera muy similar a los humanos.

El mercado privado como laboratorio

Lo que XPrize Healthspan representa, más allá de la ciencia, es un modelo: capital privado —filantrópico y corporativo— financiando la búsqueda de respuestas que los sistemas públicos de salud no tienen incentivos para priorizar. Los participantes no son solo universidades; son también startups y grupos de biotecnología que compiten con las mismas reglas que los centros académicos más establecidos.

Para Hemisferio, el dato más relevante no es cuál de los diez equipos ganará. Es que una competencia de 101 millones de dólares, estructurada con métricas objetivas y abierta a cualquier equipo del mundo, está produciendo más orden y más credibilidad científica que décadas de promesas gubernamentales sobre investigación en envejecimiento. La innovación en longevidad no espera a los ministerios de salud: la están construyendo una startup fundada en 2024 en Tokio, un laboratorio universitario en Seúl y seis equipos en Estados Unidos que decidieron competir en lugar de pedir subsidios.

El desenlace de esta carrera tardará años en conocerse. Pero la trastienda ya revela algo: cuando el dinero privado se organiza con rigor científico, el progreso no pide permiso.

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