AHORA
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Tecnología

La cortina cero del Ártico

La NASA cartografió con inteligencia artificial una fase oculta del ciclo de congelación ártico que mantiene activos a los microbios del suelo y podría liberar parte de los 1,9 billones de toneladas de carbono almacenados bajo el permafrost.
Foto: infobae.com
jueves 20 de agosto de 2026

El suelo ártico no se congela de golpe. Entre el otoño y el invierno existe un intervalo térmico —días o semanas en que la temperatura del terreno ronda el punto de congelación sin cruzarlo del todo— que hasta ahora había escapado a la cartografía sistemática. Un estudio encabezado por la NASA, publicado en Scientific Reports, lo identificó y lo nombró: la cortina cero.

Los detalles cuentan la historia. Cuando el agua del suelo se congela, libera calor. Ese aporte térmico mantiene el terreno cerca de los 0 °C antes de que la temperatura continúe su descenso invernal, de manera análoga a un vaso con agua y hielo en el que el líquido permanece en el punto de congelación mientras el hielo se derrite sin que la temperatura suba. En primavera el proceso se invierte, y el deshielo genera períodos de cortina cero aún más extensos que los otoñales.

Lo que hace relevante esa fase intermedia no es su duración, sino lo que ocurre dentro del suelo mientras dura. Las condiciones cercanas a 0 °C permiten que los microbios del terreno sigan activos, liberando dióxido de carbono y metano hacia la atmósfera. El estudio vincula directamente ese comportamiento con los riesgos asociados al deshielo del permafrost.

La escala de la reserva subterránea en juego es lo que convierte el hallazgo en algo más que un dato geofísico. El permafrost ártico almacena alrededor de 1,9 billones de toneladas de carbono orgánico, equivalentes a 1,7 billones de toneladas métricas, casi el doble del carbono presente hoy en la atmósfera terrestre. Si ese suelo se descongela, los microbios encuentran condiciones de humedad favorables en la creciente barrera de hielo y podrían liberar una fracción de esa reserva.

Para examinar el fenómeno con precisión, el equipo presentó un marco de inteligencia artificial denominado GeoCryoAI. La herramienta combina observaciones satelitales, resultados de modelos y mediciones de campo que se remontan a 1891. A partir de ese cruce de información, los investigadores elaboraron los primeros mapas detallados de las condiciones de la cortina cero en la región ártica.

Los mapas revelaron patrones geográficos y estacionales. Las regiones con niveles más altos de humedad registran lapsos más prolongados de cortina cero, un patrón que el estudio asocia con la persistencia de agua en el suelo y su influencia térmica. El deshielo de primavera, además, genera períodos de barrera de hielo considerablemente más extensos que la congelación otoñal.

GeoCryoAI fue desarrollado para operar con datos de la misión NISAR —Radar de Apertura Sintética NASA-ISRO—, un proyecto conjunto de Estados Unidos e India. Según el estudio, esa integración podría ayudar a los científicos a observar de qué manera los paisajes congelados responden al cambio climático y a mejorar las predicciones sobre futuras emisiones de gases de efecto invernadero.

La investigación sitúa así a la cortina cero como una fase poco visible pero con implicaciones directas para la actividad biológica del suelo ártico y para las estimaciones de carbono que podrían incorporarse a la atmósfera.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que la NASA publicó sus mapas: lo que está en juego no es solo un mecanismo geofísico, sino la fiabilidad de los modelos con los que gobiernos y organismos internacionales toman decisiones de política energética y regulatoria. Herramientas más precisas como GeoCryoAI son exactamente el tipo de ciencia que merece financiamiento y atención: observación rigurosa, datos duros, proyecciones verificables. El aparato estatal y los organismos multilaterales que diseñan regulaciones sobre emisiones tendrán ahora menos excusa para apoyarse en modelos que ignoraban una fase entera del ciclo ártico. La ciencia avanza; la política debería seguirle el paso con la misma exigencia de precisión.

Más de Tecnología