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Ten referentes, no amos

Un politólogo panameño plantea que la democracia empieza donde termina el piloto automático: en el ciudadano que decide por sí mismo, no por el rebaño.
Foto: prensa.com
jueves 20 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un elector entra a la cabina, marca una boleta y sale convencido de haber ejercido su libertad. Pero, ¿tomó esa decisión porque la razonó, o porque alguien se la dictó sin que él lo notara? Esa pregunta es el núcleo del argumento que un politólogo especializado en Ciencia Política y Administración Pública publicó esta semana en La Prensa de Panamá.

El texto parte de una definición sencilla: la democracia es el sistema en que el poder lo tienen los ciudadanos, no un rey ni un dictador. Pero el autor advierte que ese poder se ejerce de formas que van mucho más allá del voto. Se ejerce también «cuando nos manifestamos, debatimos, negociamos y nos asociamos en partidos políticos, movimientos o asociaciones que representen nuestras ideas».

Hasta ahí, nada que sorprenda. El giro viene después.

El politólogo sostiene que la mayoría de las decisiones que toma la gente no nacen de una elección genuina, sino del miedo, la comodidad, la presión social o el dinero. Cuando eso ocurre, escribe, «esas responsabilidades que vienen con las decisiones que tomamos luego nos pesan y se convierten en anclas que nos alejan de nuestra mejor versión». El resultado práctico: una vida que se vive para alguien más, «muchas veces de forma inconsciente».

La trampa, según el autor, no es solo política. Es cotidiana. Está en el trabajador que acepta condiciones que no quiere por no perder el empleo, en el militante que repite consignas que no ha examinado, en el votante que sigue a un líder porque «le gustó lo que dijo» y sin darse cuenta delegó su criterio. «Sin darte cuenta, vuelves a decidir por lo que dice otro y no por ti», escribe.

El remedio que propone es un ejercicio de tres preguntas antes de cualquier decisión: ¿qué esperan los demás que haga?, ¿qué quiero realmente hacer yo? y ¿cuál de esas opciones me acerca a la persona que quiero llegar a ser? No es un manual de autoayuda, aclara; es la condición mínima para que la participación ciudadana tenga algún valor real.

La distinción más afilada del texto es la que traza entre referentes y amos. «Busca personas, movimientos o grupos que puedas tener como referentes, pero no para convertirte en uno más de su rebaño», escribe. La diferencia no es semántica: el referente amplía el horizonte de quien lo sigue; el amo lo estrecha. Una democracia poblada de seguidores de rebaño, concluye el autor, no es una democracia funcional, aunque celebre elecciones cada cinco años.

El argumento llega en un momento en que Panamá, como buena parte de América Latina, debate el peso de los movimientos de calle y la lealtad tribal a figuras políticas sobre la deliberación racional. El presidente Mulino asumió el poder en medio de una sociedad polarizada por el conflicto minero de 2023 y la presión de grupos organizados que, según sus críticos, operan precisamente con la lógica del rebaño que describe el politólogo.

Los detalles cuentan la historia. El texto no menciona partidos, no nombra líderes, no señala a nadie. Su fuerza está en que el diagnóstico aplica por igual a la derecha y a la izquierda panameña, a los que marchan con banderas verdes y a los que defienden el statu quo. Esa universalidad es, a la vez, su virtud y su límite: sin un adversario concreto, el llamado a la libertad individual corre el riesgo de quedarse en exhortación moral.

Para Hemisferio, sin embargo, el fondo del argumento apunta a algo más estructural. Una ciudadanía que decide desde la autonomía personal —no desde la presión del colectivo ni del Estado— es también una ciudadanía más resistente a la demagogia, más exigente con el gasto público y menos dispuesta a ceder libertades a cambio de promesas de seguridad. La libertad que describe el politólogo no es solo una virtud cívica abstracta: es el músculo que sostiene el libre mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado. Sin ciudadanos capaces de decir «no» a sus propios rebaños, ninguna institución formal alcanza para proteger esos principios. Panamá, con su vocación de hub regional y su apuesta por la inversión, necesita ese músculo más que la mayoría.

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