Para entender el presente hay que volver a esa decisión: dejar de grabar discos y apostar todo al directo.
Andrés Calamaro cumple 65 años el 22 de agosto y tres días después estará sobre el escenario del Movistar Arena de Santiago. La gira se llama Como cantor, título tomado de los versos de La vuelta de Martín Fierro, de José Hernández, que el propio Calamaro ya había incorporado a su canción Estadio Azteca. «Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.» El verso funciona como declaración de principios.
El nombre podría leerse como una invitación a la nostalgia. Calamaro la rechaza de plano. «No practico la nostalgia, no me llegó el momento o no me interesa, secuestra el presente», declaró en abril de este año al medio argentino Infobae. «No suelo añorar otros tiempos que ya fueron, recordar épocas anteriores es algo que de momento no hago.»
La escena lo dice todo: un artista que en el año 2000 publicó El Salmón, un quíntuple álbum de 103 canciones, hoy considera que el disco ha perdido buena parte de su sentido práctico. Su último trabajo de canciones inéditas fue Cargar la suerte, en 2018. En 2021 llegó Dios los cría, un álbum de colaboraciones junto a artistas como Alejandro Sanz, Julio Iglesias y Mon Laferte, entre otros, en el que revisó su propio repertorio. Desde entonces, silencio en el estudio.
La explicación la dio él mismo a Infobae: «Antes valorábamos grabar un disco como un milagro u odisea, ahora dicen que se publican cincuenta mil canciones por día en las plataformas y percibimos que la atención es dispersa y es complicado adivinar quién escucha una grabación a la que dedicamos meses o años.» En 2025, una columna de El País ya reflexionaba sobre cómo algunos artistas habían dejado de publicar discos y mencionaba a El Salmón en ese contexto.
Lo que queda, entonces, es el escenario. Calamaro lo describe con vocabulario taurino, otra de sus pasiones conocidas y también una de las que más controversia le ha generado: «Interpreto con concepto torero: el embroque entre el silencio y la música sonora, el misterio de encontrarse con algo distinto cada recital, la improvisación y el concepto en la circunstancia.» Para él, la música en vivo es el «tiempo real».
La gira ya recorrió Argentina, donde Calamaro cerró una serie de cuatro conciertos en el Movistar Arena de Buenos Aires durante mayo y junio. Las reseñas del diario La Nación destacaron el despliegue del músico y la solidez del espectáculo, con pocas intervenciones entre canción y canción y un recorrido amplio por su repertorio.
El setlist incluye clásicos de su etapa solista como Loco y Pasemos a otro tema, canciones de su época junto a Los Abuelos de la Nada —entre ellas Costumbres argentinas y Mil horas— y temas de Los Rodríguez como Sin documentos y Mi enfermedad. Uno de los puntos que La Nación subrayó es el regreso de Tres Marías, un tema que Calamaro no interpretaba en vivo desde 2013.
El concierto en Santiago está programado para las 21 horas y las entradas siguen disponibles en PuntoTicket.
Los detalles cuentan la historia. Lo que Como cantor revela no es un artista mirando hacia atrás, sino uno que ha tomado una decisión económica y artística a la vez: en un mercado donde las plataformas fragmentan la atención y diluyen el valor de una grabación, el directo sigue siendo el espacio donde el intérprete controla la experiencia. Calamaro no abandona el disco por desgano; lo abandona porque el escenario le devuelve algo que el estudio ya no puede garantizar: una audiencia presente, un intercambio real. A los 65, esa apuesta por lo irrepetible sobre lo reproducible es, quizás, la postura más coherente que puede tomar un músico de su trayectoria.



