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El olvido que seremos, en el canon de los libros que el poder quiso silenciar

La Manifesto Library, creada por Dua Lipa en la histórica Livraria Lello de Oporto, incluye la obra de Héctor Abad Faciolince junto a títulos como Cien años de soledad, Maus y el Diario de Ana Frank. La biblioteca está prevista para abrir el 27 de junio de 2026.
Foto: elcolombiano.com
jueves 27 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un libro escrito como consuelo familiar —para que quienes quisieron a un médico asesinado en Medellín pudieran llorar con palabras— termina catalogado junto a los títulos que distintos regímenes, instituciones o mayorías airadas han intentado borrar del mundo.

El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, fue seleccionado para la Manifesto Library, una colección permanente de 100 títulos y 5.000 ejemplares organizada por el Service95 Book Club de Dua Lipa en alianza con la Livraria Lello de Oporto, Portugal. La biblioteca está diseñada para abrir sus puertas el 27 de junio de 2026 en un espacio concebido por el arquitecto portugués Álvaro Siza, ganador del Premio Pritzker.

La obra de Abad Faciolince aparece en la sección Memoria, uno de los cuatro ejes que articulan la colección —Poder, Control, Voz y Memoria— junto a Beloved, de Toni Morrison; Maus, de Art Spiegelman; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Persépolis, de Marjane Satrapi; El diario de Ana Frank, y Patriota, de Alexéi Navalni.

Publicado originalmente en 2006, el libro reconstruye la vida de Héctor Abad Gómez, médico y defensor de los derechos humanos asesinado en Medellín el 25 de agosto de 1987. Une la historia familiar con el relato de la violencia política que golpeó a Colombia.

El propio autor describió su reacción al conocer la noticia: «Bueno, es una gran sorpresa para mí (...) para mí es un milagro y un milagro que agradezco mucho». Abad Faciolince recordó que cuando escribió el libro sus expectativas eran mucho más íntimas: «Yo esperaba que los que querían a mi padre, mi familia, se consolaran con este libro, que muchos se consolaran». Casi dos décadas después, aquel relato trasciende el dolor de los Abad.

El escritor también subrayó que el valor del reconocimiento no residía únicamente en su propia obra: «Es importante por los títulos que he visto, es importante por los grandes colegas y escritores que hay aquí, que han escrito de verdad libros extraordinarios para la verdad, para la justicia, para la memoria y para la belleza».

Dua Lipa definió la iniciativa en estos términos: «Esta biblioteca es un santuario para los libros que han desaparecido, para los autores cuyo coraje desafía las estructuras de poder y control, y para los lectores que se niegan a que les digan qué libros pueden leer». La colección reúne obras prohibidas, censuradas o cuestionadas, así como títulos que continúan provocando debates sobre libertad de expresión, identidad, género, raza, memoria y poder. Entre los 100 seleccionados figuran también La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa; Las uvas de la ira, de John Steinbeck; El cuento de la criada, de Margaret Atwood; La naranja mecánica, de Anthony Burgess, y Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey.

Los detalles cuentan la historia. Que un libro nacido del duelo privado de una familia antioqueña comparta estante con el diario de Ana Frank o con el último texto de Navalni no es un accidente curatorial: es el argumento más elocuente sobre lo que la literatura puede hacer cuando el Estado o la turba deciden que ciertas memorias son peligrosas.

Desde la línea editorial de Hemisferio, la inclusión de El olvido que seremos en este canon merece leerse también como un recordatorio incómodo para Colombia. El asesinato de Héctor Abad Gómez en 1987 no fue un episodio aislado: fue el producto de un clima en que la violencia política operaba con impunidad. Que su historia llegue hoy a una biblioteca en Oporto, diseñada por un Premio Pritzker y promovida desde una plataforma cultural global, dice algo sobre la durabilidad de la memoria frente a quienes apuestan por el olvido. El libro sobrevivió. La pregunta que Colombia sigue sin responder del todo es si las instituciones que debieron proteger a ese médico han cambiado lo suficiente.

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