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El arte como trama viva: Chile, sede de la primera Trienal Internacional de Universidades Católicas

La Pontificia Universidad Católica de Chile inaugura el 3 de septiembre la mayor exposición de arte contemporáneo de su historia, como parte de una iniciativa global impulsada por el Vaticano que conectará siete países de tres continentes.
Foto: latercera.com
martes 18 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: siete universidades católicas en tres continentes, una fecha de apertura simultánea y un mandato que llega desde el Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede. La primera Trienal Internacional de Arte de Universidades Católicas —ARTCUT— no es una feria más. Es una apuesta institucional de largo aliento que convierte a la Iglesia en anfitriona de arte contemporáneo a escala global.

Chile será uno de los siete escenarios de esta iniciativa. La Pontificia Universidad Católica de Chile organizará su capítulo bajo el título Ejercicios de Empatía: Tramas de lo vivo, con inauguración el próximo 3 de septiembre. Según la propia institución, se trata de la mayor exposición de arte contemporáneo que ha organizado en toda su historia.

La muestra reunirá cerca de veinte artistas nacionales e internacionales y se desplegará en cuatro espacios: el Museo de Artes Visuales MAVI UC como sede principal, con intervenciones adicionales en el Museo Chileno de Arte Precolombino, la Parroquia de la Veracruz y el Bodegón Cultural de Los Vilos. En total, más de 40 obras entre instalaciones, audiovisual, arte textil y pictórico.

La curaduría general está a cargo de Nuno Crespo, con co-curaduría de Alexia Tala, quien interpreta el concepto global desde una perspectiva latinoamericana. Tala, con más de una década trabajando junto a artistas indígenas de América Latina, lo explicó con precisión: «El verdadero ejercicio de empatía consiste en intentar salir de nosotros mismos y preguntarnos cómo sería mirar el mundo desde otras formas de vida».

La exposición se organiza en seis núcleos curatoriales: Materia y tiempo, Geografías vivas, Ecologías del futuro, Cosmovisiones en conflicto, Entre lo terrestre y lo cósmico y Convergencias. El hilo conductor es la relación entre los seres humanos, la naturaleza y los desafíos ambientales, entendida desde cosmovisiones que, según los curadores, colocan al ser humano no en el centro sino dentro de un entramado compartido con territorios, ecosistemas y otras formas de existencia.

Entre las obras confirmadas figuran Cuerpos Celestes, de la artista cubana Glenda León; Last Things, de la estadounidense Deborah Stratman; la instalación escultórica Desborde, de la chilena Josefina Guilisasti; Eu desejo o seu desejo, de la brasileña Rivane Neuenschwander; y Arqueologías contemporáneas, del guatemalteco Antonio Pichillá.

Las otras seis universidades participantes son la PUC-Rio, la Pontificia Universidad Javeriana, el Boston College, la Universidade Católica Portuguesa, la Università Cattolica del Sacro Cuore y la Universidade Católica de Angola. América, Europa y África en un mismo calendario.

El rector de la UC, Juan Carlos de la Llera, situó la decisión institucional en términos de diálogo global: «Ser parte de esta iniciativa impulsada por el Dicasterio para la Cultura y la Educación es una oportunidad para aportar, desde Chile, a una conversación global donde el arte se convierte en un verdadero ejercicio de empatía».

Los detalles cuentan la historia. ARTCUT no nace de una fundación privada ni de un ministerio de cultura: nace de la red de universidades que la Iglesia Católica sostiene en cinco continentes, con el respaldo directo de la Santa Sede. Eso le da una escala institucional que pocas iniciativas artísticas pueden igualar, y una coherencia de valores que va más allá del mercado del arte contemporáneo.

Para Hemisferio, el dato relevante no es solo estético. Una red de instituciones de educación superior con raíces en la tradición judeo-cristiana que decide hablar al mundo contemporáneo a través del arte —sin renunciar a su identidad, sin pedir permiso al establishment cultural progresista— es, en sí misma, una declaración de presencia. El arte como espacio de encuentro, sí; pero también como afirmación de que la civilización occidental tiene algo que decir, y que las universidades católicas son un lugar legítimo desde donde decirlo.

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