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El hijo que filmó el silencio de Pablo Milanés

Fabien Pisani tardó más de una década en terminar el documental sobre su padre. El resultado es un retrato íntimo del cantautor cubano, de la Revolución y de sus contradicciones.
Foto: latercera.com
lunes 24 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un hombre enfermo en Madrid, flanqueado por su esposa Nancy Pérez y sus hijos mellizos, mira la cámara con desgana. No eligió a un biógrafo ni a un periodista para contar su historia. Los rechazó a todos. Al final, no le quedó más remedio que decirle que sí a Fabien Pisani, el hijo que lo conoce desde los dos años y al que todavía llama «Velorio».

«No con mucho entusiasmo, la verdad», admite Pisani desde Tepoztlán, México, donde reside desde 2018. «Él pensó que me iba a cansar en el camino».

No se cansó. Después de más de una década de trabajo, el cineasta de 55 años estrena en salas chilenas Para vivir. El implacable tiempo de Pablo Milanés, un documental que opera en tres capas simultáneas: síntesis de una carrera musical, retrato de la generación que acompañó la Revolución Cubana y, en el fondo, crónica de una relación padre-hijo que duró hasta el final.

Una casa siempre abierta

Pisani no creció en una familia convencional. Pablo Milanés tuvo nueve hijos con mujeres de distintos períodos de su vida; su objetivo declarado era llegar a doce. La casa era un territorio de puertas abiertas. «Todos los días al almuerzo había ocho, diez o doce personas», recuerda el director. El círculo incluía artistas, amigos de los bajos fondos y todo lo que cabía entre ambos extremos. «Tenía una religión de la amistad», dice Pisani.

Su vínculo con Milanés comenzó en 1973, cuando tenía meses de vida y su madre, la fotógrafa Zoe Álvarez, se emparejó con el músico. Esa relación duró dieciséis años, hasta 1989, un período al que pertenecen canciones como Yolanda. «Ese me parece su periodo más fértil. O por lo menos es el que más me interesó por ese sesgo que tengo», reconoce el cineasta.

Hablaban casi todos los días por teléfono. La comunicación no se interrumpió hasta noviembre de 2022, cuando Milanés falleció en Madrid a causa de complicaciones de un síndrome mielodisplásico que lo aquejaba desde 2017.

La duda y el paso adelante

En 2009, alentado por dos amigos con más experiencia, Pisani comenzó a trabajar en el proyecto. Tuvo que vencer primero sus propias resistencias. «La relación privilegiada que yo tenía con él, una relación familiar, a mis ojos no justificaba que tuviera el derecho de contar esa historia», explica. Luego llegó a la conclusión opuesta: precisamente por eso debía contarla él, «desde mi lugar, con un punto de vista fuerte».

Milanés concedió dos entrevistas con cámara: una en 2010 y otra en 2022. Pisani prefiere la primera. «Aunque está grabada con una camarita de mierda y está mal iluminada, hay más corazón, más libertad en el testimonio. En la segunda está más amarrado, no sé por qué... Bueno, tengo mis conjeturas».

Cuba: el tema que lo atraviesa todo

El documental no elude la política. En el caso de Milanés, la trayectoria artística y los vaivenes del régimen cubano son inseparables. La película reconstruye el momento en que fue enviado a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajos forzados establecidos en Camagüey. Silvio Rodríguez, colega y figura central de la Nueva Trova, aparece en el documental para hablar de ese episodio.

La relación entre Milanés y Rodríguez tuvo tensiones que el propio músico decidió no ventilar públicamente. Pisani respetó ese límite. «Lo que pasó realmente es que hubo un problema personal del que por lo menos mi padre decidió nunca hablar públicamente. Sólo lo habló con nosotros, con los hijos y quizás con uno que otro amigo. Si él decidió que fuera así, no me tocaba a mí traicionarlo».

La amargura de los últimos años de Milanés tiene una coordenada geográfica precisa: Madrid. Enfermo, sin posibilidad de regresar a Cuba —donde no existía tratamiento para su cáncer a la sangre—, el músico que de niño quedó fascinado por el apogeo cultural de La Habana de los años 60 murió lejos de la isla que describía como «la ciudad más bella del mundo».

La lectura de Hemisferio

La historia de Pablo Milanés es también la historia de lo que las revoluciones le hacen a sus propios artistas. Un hombre que empezó a trabajar a los doce años, que celebró la Revolución Cubana y que terminó sus días en el exilio sanitario, impedido de morir en su tierra por las mismas carencias del sistema que alguna vez defendió: esa es la paradoja que el documental de Pisani deja flotando, sin necesidad de subrayarla.

El mérito del cineasta es haber entendido que la lealtad filial y la honestidad histórica no son incompatibles. Guardó los secretos que su padre quiso guardar. Y filmó, con paciencia de una década, todo lo demás.

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