La escena lo dice todo. Un artista nacido en Sabaneta, criado en Bogotá y formado en Francia llega a una universidad privada colombiana con una pregunta que lleva años afinando: ¿qué papel jugó el arte en la construcción del Estado colombiano durante el siglo XIX? La respuesta, según Gabriel Sierra Henao, está en el marco.
No en el cuadro. En el marco.
Sierra Henao realiza una residencia artística con la Universidad de La Sabana, en Bogotá, en el marco de la cual ofreció este viernes 21 de agosto un conversatorio junto al pintor y escultor Pedro Ruiz y el cantautor Santiago Cruz. La charla, titulada «La voz en el arte», es una de tres conferencias que contempla la residencia, que incluye además la creación de una escultura para la colección permanente de la universidad y una exposición.
El trabajo presentado en Bogotá es un avance de su investigación doctoral, que Sierra Henao desarrolla en la Universidad de Quebec en Montreal, Canadá. El eje conceptual es la descolonización del imaginario colectivo a través del arte, y el vehículo formal es la resignificación del marco pictórico.
La propuesta tiene una lógica precisa. El marco es, convencionalmente, el borde de una obra: la frontera que separa la pieza del mundo. Y, como señala el propio artista, ese borde rara vez está en manos del artista; lo produce un artesano, alguien situado en los márgenes del sistema del arte. Sierra Henao propone invertir esa jerarquía: apropiarse del margen, convertir la marginalidad representada en el marco en el centro mismo de la obra.
Con esa inversión, el artista repiensa la relación que Colombia sostiene con Europa y Norteamérica en términos de imaginario. «La colonización no es solo la ocupación de un territorio por determinado tiempo, sino las ideas que hacen creer que las metrópolis son superiores», plantea su trabajo. Y añade, en sus propias palabras: «Mi investigación trata de cuestionar la jerarquización sobre los diferentes tipos de conocimientos dentro del ámbito académico. Las instituciones educativas siguen siendo 100% europeas; nosotros seguimos privilegiando ese tipo de conocimiento».
Para entender el presente hay que volver a esa pregunta inicial. Sierra Henao no parte de una denuncia política abstracta, sino de un problema histórico concreto: cómo el arte funcionó como instrumento de legitimación estatal en el siglo XIX colombiano. Desde ahí construye una genealogía que desemboca en el presente académico, donde los cánones de validación del conocimiento siguen siendo, según su diagnóstico, de origen europeo.
Los detalles cuentan la historia. La residencia en La Sabana no es un evento aislado: es el punto de contacto entre una investigación en curso en Canadá y el ecosistema cultural colombiano. La universidad recibe una escultura para su colección; el artista recibe un espacio de interlocución con figuras como Ruiz y Cruz, voces consolidadas en disciplinas distintas. El formato del conversatorio —tres voces, tres trayectorias— apunta precisamente a esa pregunta que articula la charla: cómo se construye una voz artística a lo largo del tiempo.
Hemisferio observa este tipo de iniciativas con interés genuino, pero también con una pregunta de fondo. El debate sobre la «descolonización del imaginario» es legítimo cuando se ancla en historia y en formas concretas —como hace Sierra Henao con el marco pictórico—, pero se vuelve estéril cuando deriva en un rechazo genérico al conocimiento occidental que termina por sustituir una jerarquía con otra. La distinción importa. Una universidad que cuestiona sus propios cánones desde adentro —invitando a un artista que hace exactamente eso— ejerce la libertad académica en su sentido más productivo. Otra cosa sería convertir la crítica al eurocentrismo en un nuevo dogma institucional, tan poco dispuesto al debate como el que pretende reemplazar.
El trabajo de Sierra Henao, al menos en su formulación pública, parece moverse en el primer terreno: el de la pregunta abierta, el del objeto concreto —ese marco que nadie miraba— como punto de entrada a una discusión más amplia. Si la escultura que quedará en la colección de La Sabana logra sostener esa tensión sin resolverla demasiado pronto, habrá cumplido su cometido.



