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El refugio porteño

Una pareja radicada en Uruguay encargó la reforma de su departamento en Barrio Parque para tener una base en Buenos Aires cerca de hijos y nietos. Seis meses de obra, dos arquitectas y una idea clara: un espacio de encuentro familiar, no un dormitorio de paso.
Foto: lanacion.com.ar
miércoles 26 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: dos cuadros comprados en una feria, una foto enviada desde Uruguay y la instrucción de construir un living alrededor de ellos. Así arrancó la reforma del departamento que Silvia y Juan —una pareja de argentinos radicada hace varios años en José Ignacio— decidieron encarar en Barrio Parque, Buenos Aires.

No buscaban una segunda residencia de lujo ni un pied-à-terre minimalista. Querían un lugar donde quedarse cuando vinieran a visitar a sus hijos y nietos, y donde esas visitas pudieran convertirse en reuniones de familia. La diferencia es sutil pero define cada decisión de diseño.

Las arquitectas Delfina Lamon y Sonia Schottlaender, del estudio Ese Ele, tomaron el encargo con esa premisa como brújula. La reforma duró seis meses y el resultado es un departamento que, según sus propias palabras, «se siente vivido» aunque no sea la residencia permanente.

Romper el molde del living-comedor

El primer gesto fue estructural. En la planta original, el espacio que hoy ocupa el comedor era un dormitorio con salida al balcón. Demoler esa división significó perder un ambiente en el papel, pero ganar luz natural y una amplitud que el proyecto necesitaba. «Queríamos romper un poco con el típico living-comedor de ciudad», explican las arquitectas, «por eso planteamos una propuesta de doble living: uno más formal y otro más informal con la tele, ideal para juntarse en familia».

La permeabilidad entre comedor y living se resolvió con un varillado de madera: suficiente para dar privacidad visual sin cerrar el espacio, suficiente para que la integración se sienta real.

La paleta y el detalle

El piso de madera de lapacho —que estaba en buenas condiciones y se conservó— fue el punto de partida cromático. Sobre esa base, las arquitectas construyeron una paleta neutra de negro, gris y blanco con un principio claro: cada ambiente tendría su propio tono de acento.

En el cuarto de invitados, el amarillo. En la habitación principal, azul y gris. En el living, el verde del sillón, una tela de la que los clientes se enamoraron y que funciona como contrapunto a la madera. «Tenían en mente que querían contrarrestar madera y jugársela con un color de tapizado», recuerdan Lamon y Schottlaender.

El arte no fue un accesorio de último momento. Los cuadros de cada ambiente los eligió la dueña de casa, quien —según cuentan las arquitectas— se involucró completamente en el proceso. Para la habitación principal optó por una luna y un sol, referencias a su profesión de astróloga. Para el living, los dos cuadros de la feria que dispararon todo.

Texturas, curvas y luz

Más allá del color, el proyecto jugó con relieves y materiales. «Planteamos varios juegos de relieves. Les propusimos incorporar curvas y a ellos les encantó», dicen las arquitectas. Los muebles fueron en su mayoría diseños propios del estudio; otros se eligieron en conjunto con los clientes.

La reforma incluyó también la ampliación del toilette para convertirlo en baño completo y la demolición de una pared para transformar el baño principal en suite. Los revestimientos combinan piedra natural y mármol de Carrara claro en la mesada. La grifería es de Hansgrohe.

La iluminación mereció un capítulo aparte. Para los ambientes con poca luz natural, las arquitectas convocaron al especialista Manuel Acevedo. En el baño, la solución fue funcional: tiras led en la ducha y en la bañera para no encender luces fuertes en la madrugada.

Un proceso de a cuatro

Todo ocurrió a distancia. Los clientes vivían en Uruguay durante la obra; las decisiones se tomaban por foto, mensaje y llamada. «Fue un proceso súper nutritivo porque tenían una impronta muy marcada. Fue fácil ponernos de acuerdo entre lo que proponíamos nosotras y lo que ellos traían», concluyen las arquitectas.

Los detalles cuentan la historia. Este departamento no es el hogar principal de Silvia y Juan, pero cada elección —la tela del sillón, los cuadros de la feria, las curvas de los muebles— habla de propietarios que saben exactamente qué quieren y no delegan lo que importa. La distancia, en este caso, no fue un obstáculo: fue el filtro que dejó pasar solo las decisiones con convicción.

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