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El regreso de los Sussex

El príncipe Harry y Meghan planean instalarse en Reino Unido durante lo que fuentes cercanas describen como «un período de tiempo prolongado», en una decisión que tomó por sorpresa a la familia real y que, según quienes los conocen, no debe interpretarse como preludio de reconciliación con el príncipe William.
Foto: prensa.com
sábado 22 de agosto de 2026

La escena lo dice todo.

Una tarde en Highgrove con el rey Carlos III, los niños conociendo a sus tíos, tías y primos de la familia Spencer, y una estancia en Portugal que fuentes cercanas a la pareja describieron como «una experiencia maravillosa». Lo que comenzó como una visita familiar en julio terminó por convertir una posibilidad en una decisión firme: Harry y Meghan regresarán a vivir en Reino Unido durante lo que se ha descrito como «un período de tiempo prolongado».

La noticia circuló con rapidez. Según personas que conocen bien a la pareja, la decisión se tomó recientemente y de forma relativamente repentina, aunque hubo conversaciones previas sobre la posibilidad de pasar más tiempo en Europa. La razón principal, según esas mismas fuentes, es el deseo de estar más cerca de la familia de Harry y de que sus hijos, el príncipe Archie y la princesa Lilibet, reciban educación en Reino Unido. El nuevo curso escolar en prácticamente todos los colegios de Inglaterra comienza la segunda semana de septiembre, lo que marca el ritmo del traslado.

La ubicación exacta no ha sido revelada, pero todo apunta a que no será Londres. Los rumores señalan la zona de Cotswolds y Northampton, cerca de Althorp, la finca de la familia Spencer que fue la casa de la infancia de Diana, la difunta madre de Harry.

El rey Carlos III fue informado el domingo de que los Sussex regresarían. La decisión fue una sorpresa tanto para él como para el resto de la familia real, aunque se dice que el monarca agradece la oportunidad de pasar más tiempo con ellos en privado. Lo que el rey no hizo fue participar en esa decisión: fue un hecho consumado, no una consulta.

La trastienda de la relación entre hermanos, en cambio, no ofrece señales de deshielo. Esta decisión, según quienes rodean a la pareja, no debe interpretarse como un preludio a la reconciliación entre Harry y William, el príncipe de Gales. Los príncipes de Gales no han hecho ningún comentario oficial. La fuente es clara: William nunca ha podido perdonar lo que considera la exposición pública de Harry sobre el conflicto familiar a través de sus memorias, Spare, y su entrevista con Oprah Winfrey. La herida sigue abierta.

Tampoco habrá retorno institucional. La Casa Real no tiene ningún interés en crear un acuerdo de «mitad dentro, mitad fuera» para los duques de Sussex. Siguen siendo ciudadanos privados y miembros de la realeza sin funciones oficiales. El trabajo que realicen en Reino Unido no estará vinculado a sus funciones oficiales como miembros de la realeza.

Hay, sin embargo, una dimensión comercial que no pasa desapercibida. Meghan ha estado buscando expandir su marca As Ever fuera de Estados Unidos. El regreso a Europa abre ese flanco: la pregunta que ya circula en los corrillos es si la mermelada As Ever competirá en los estantes de los supermercados británicos con los productos orgánicos del Ducado del Rey.

Queda pendiente, además, una cuestión de seguridad sin resolver. En Estados Unidos, los duques contrataron un equipo privado. El año pasado, tras perder una demanda judicial sobre su protección en Reino Unido, Harry declaró a la BBC: «No puedo imaginar un mundo en el que traiga de vuelta a mi esposa e hijos a Reino Unido en este momento». No hubo respuesta cuando se preguntó si ese equipo privado se mudará con ellos ni si se ha resuelto el asunto de la protección policial oficial.

Los detalles cuentan la historia.

Lo que este episodio revela, más allá del drama familiar, es el peso de las instituciones frente a las decisiones individuales. Los Sussex llevan años construyendo una narrativa de autonomía: dejaron las funciones reales, cruzaron el Atlántico, firmaron contratos millonarios y edificaron una marca personal. Ahora regresan, pero en sus propios términos, sin pedir permiso y sin reintegrarse al aparato. Es, en cierto modo, la lógica del individuo que negocia con la institución desde fuera, no desde dentro. Si esa apuesta funciona en suelo británico —donde la opinión pública sobre los Sussex sigue dividida— es la pregunta que los próximos meses responderán.

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