La escena lo dice todo. Un músico regresa de Estados Unidos, entra al estudio y, casi sin buscarlo, escribe una canción sobre el vínculo que no termina aunque uno quiera. Al mismo tiempo, la banda que lo formó recibe un reconocimiento que llega desde fuera, desde donde el rock peruano pocas veces es nombrado.
Jeffry Fischman, exintegrante de Libido, lanzó «Verte», un sencillo de pop rock alternativo que explora las emociones de quien intenta seguir adelante pero descubre que todavía no logra imaginar su vida sin otra persona. El tema llega en un momento doble: es su segunda entrega como solista y coincide con la mención de Libido en una selección de Billboard que reconoce a grandes bandas de rock de la historia.
El propio Fischman describe el origen de la canción con precisión: «'Verte' nació del subconsciente. A veces, las primeras palabras surgen de un mundo imaginario que creo mientras escribo la melodía. Poco a poco empiezan a tomar forma, hasta que comprendo sobre qué estoy escribiendo. Esta canción habla de necesitar a otra persona con distintos niveles de intensidad: a veces con dulzura y otras, de una manera dolorosa. Existe en algún lugar entre la realidad y la fantasía».
La canción fue coproducida por Fischman y Tweety González. La mezcla estuvo a cargo de Joe Chiccarelli y la masterización fue realizada por David Kutch. El videoclip fue dirigido por el propio artista y producido por Lamatrixia, equipo creativo que integra junto al especialista en inteligencia artificial Aldo Valladares. La estética del clip es futurista, y el uso de herramientas de inteligencia artificial marca una apuesta deliberada por explorar nuevos recursos visuales.
«Verte» se lanzará simultáneamente en Colombia, México y Estados Unidos, y ya está disponible en plataformas digitales. El tema también se incorpora a la programación de diversas radios a nivel nacional y, próximamente, internacional.
La pieza dialoga con su primer sencillo solista, «Alejándome de Ti». Mientras aquel abordaba la decisión de tomar distancia, «Verte» se sitúa en el momento en que esa distancia no consigue romper el vínculo emocional. Dos canciones, dos perspectivas sobre el mismo territorio: los afectos que no obedecen.
Pero la otra noticia de la semana para Fischman es la mención de Libido en Billboard. Para el músico, el reconocimiento trasciende lo personal. «Es una mención que nos permite entender que, pese a la poca difusión que muchas veces tiene nuestro rock nacional, en el mundo sí nos tienen en cuenta y reconocen nuestra música», sostiene. Libido, recuerda, llegó a presentarse en grandes escenarios y obtuvo reconocimientos internacionales, entre ellos los otorgados por MTV.
La mención de Billboard, en ese contexto, no es solo un dato de archivo. Es una señal de que el alcance de la música peruana fuera del país existe, aunque rara vez sea amplificado desde adentro.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Fischman opera en dos tiempos a la vez: el del legado colectivo de Libido y el de una carrera solista que construye con productores de primer nivel y herramientas de vanguardia. Esa combinación —tradición y tecnología, emoción y producción cuidada— es exactamente el tipo de apuesta que el mercado cultural premia cuando se sostiene con trabajo real y no con ruido institucional.
Lo que está en juego aquí es simple pero importante: la música peruana puede competir en circuitos internacionales sin necesidad de subsidios ni aparatos estatales de promoción. El reconocimiento de Billboard a Libido, y el lanzamiento simultáneo de «Verte» en tres mercados, son la mejor respuesta a quienes asumen que la cultura de la región solo existe cuando alguien desde arriba decide financiarla. El mérito, cuando se acumula con constancia, termina por abrirse paso solo.



