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Elige bando o queda fuera

Washington prepara una carta a decenas de países para exigirles que no se adhieran al marco de inteligencia artificial de Pekín, bajo advertencia de quedar excluidos de la coalición que lidera. La carrera tecnológica entre las dos potencias llega a un punto de no retorno.
Foto: lanacion.com.ar
lunes 17 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un borrador sin fecha, elaborado por el Departamento de Estado y filtrado a Reuters, resume en una sola frase la nueva doctrina tecnológica de Washington: «Formar parte de todo es no formar parte de nada. La firma de la declaración de Pax Silica no es meramente una adhesión, sino un compromiso».

Estados Unidos se dispone a comunicar a decenas de países que deben tomar partido en la carrera por la inteligencia artificial con China, advirtiéndoles de que quedarán excluidos de la coalición que lidera si también se adhieren al marco competidor de Pekín. Así lo revelan un funcionario de Washington y el propio borrador interno al que tuvo acceso Reuters.

El documento va dirigido a los 35 signatarios de una «Declaración de Oportunidades en IA» firmada en junio, que incluye tanto a miembros del marco no vinculante «Pax Silica» como a otros países que han expresado su deseo de alinear su cooperación en materia de IA con Washington. La carta no menciona específicamente a China, pero su destinatario implícito es inequívoco: «No puede coexistir con la pertenencia a iniciativas duplicadas cuyas expectativas entren en conflicto con las nuestras», señala el texto.

El origen de la tensión

Washington puso en marcha la iniciativa Pax Silica el año pasado con un objetivo preciso: garantizar las cadenas de suministro de modelos de inteligencia artificial, semiconductores y minerales críticos en medio de la rivalidad tecnológica con Pekín. A la fecha, unos 24 países se han unido, entre ellos aliados cercanos como Japón, Australia y Corea del Sur.

El caso que hizo saltar las alarmas en Washington es el de Kazajistán. El país centroasiático, fuente potencial clave de minerales críticos, es hasta la fecha el único del que se sabe que se ha sumado a ambas iniciativas: la estadounidense y la china. Esa doble pertenencia es precisamente lo que la carta busca eliminar.

En julio, el presidente chino Xi Jinping puso en marcha una «Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial», promoviendo la tecnología de código abierto de su país como un desafío directo a la influencia de Estados Unidos en el sector.

El momento crucial

La carrera entre ambas potencias ha llegado a un punto de inflexión. Los modelos de IA de código abierto chinos han logrado avances rápidos frente a los sistemas propietarios de empresas estadounidenses como OpenAI y Anthropic. Al presionar a los países para que elijan bando, Washington espera privar a China de recursos en el desarrollo de una IA más sofisticada, que podría utilizarse para lograr el dominio militar o económico.

El Departamento de Estado comunicó a Reuters que no haría comentarios sobre «documentos internos supuestamente filtrados». Las embajadas de China y Kazajistán en Washington no respondieron a las solicitudes de comentarios. Reuters no pudo determinar cuándo tiene previsto Estados Unidos enviar la carta ni si podría modificarse antes de su envío.

Los detalles cuentan la historia. El acuerdo Pax Silica tiene como objetivo impulsar a aliados y socios hacia proyectos conjuntos, controles de exportación y, en última instancia, reducir la dependencia de los adversarios en minerales críticos, modelos de IA y los chips semiconductores que los alimentan.

La lectura de Hemisferio

Lo que Washington está construyendo no es solo una alianza tecnológica: es una arquitectura de bloques donde el acceso a semiconductores, minerales y modelos de IA funciona como moneda de poder geopolítico. La lógica es la del libre mercado aplicada a la seguridad nacional — quien controla la cadena de suministro, controla el futuro —, pero con una exigencia de exclusividad que recuerda más a la disciplina de una alianza militar que a un acuerdo comercial.

Para los países en desarrollo que buscan beneficiarse de ambos bloques, la carta es una factura que llega antes de lo esperado. La neutralidad tecnológica, si alguna vez fue viable, tiene ahora un costo explícito: quedar fuera de la coalición que lidera la potencia que todavía domina el ecosistema de chips y capital de riesgo en IA. El mercado, en este caso, no es libre: tiene bando.

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